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jueves, agosto 27, 2026

Botitas: canta mal, gobierna peor

Gustavo Sáenz parece haber encontrado una fórmula bastante particular: cuando la realidad se pone más espesa, aparece cantando.

No importa demasiado el lugar. Puede ser un festival, una fiesta patronal, un acto oficial, una inauguración o, como ya ocurrió, hasta un aeropuerto. El gobernador se transforma rápidamente en cantante invitado. Y ahí va, decidido, como si en lugar de gobernar Salta estuviera construyendo una carrera artística que hasta ahora nadie le había pedido.

El problema es que Sáenz no fue elegido para eso. Fue elegido para gobernar. Y entre gobernar una provincia y cantar en cuanto escenario hay una diferencia bastante importante, aunque últimamente parezca que alguien olvidó explicársela.

Porque una cosa es que un gobernador cante ocasionalmente. Puede resultar simpático, incluso pintoresco. Otra muy distinta es que la exposición musical se convierta en una constante.

Con el Chaqueño Palavecino la escena ya adquirió una frecuencia llamativa. Sáenz canta con él, aparece con él, comparte escenarios y aprovecha cada oportunidad para convertir la política en una suerte de peña permanente.

Y ahora también lo vimos cantar con la ministra Pettovello y hasta con Ada Zunino. A esta altura, si mañana aparece tocando el bombo junto a una banda de sikuris, tampoco debería sorprender demasiado.

El asunto sería meramente anecdótico si todo terminara en una canción. Pero no termina ahí. ¿Cuánto cuesta el Chaqueño? ¿Cuánto cuesta montar estos espectáculos? ¿Quién paga los escenarios, el sonido, la logística, los traslados, la producción audiovisual y la difusión posterior? ¿Cuánto dinero público se destina, directa o indirectamente, a fabricar esas escenas en las que el gobernador aparece como Sandro?

Si quiere cantar, que cante. Si quiere ser artista, que lo intente. Si quiere hacer campaña, que la haga cuando corresponda y con las reglas que corresponden.

Pero mientras siga ocupando el despacho de gobernador, estaría bueno que recuerde que los salteños no compraron una entrada para verlo en escena. Lo votaron para que gobierne.

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