El oficialismo convirtió la capacitación docente en un acto proselitista. El candidato Bernardo Biella dará un curso de RCP con puntaje oficial, avalado por Educación. Otro capítulo del uso del Estado como maquinaria electoral.
La frontera entre gestión y campaña volvió a desdibujarse en Salta. Esta vez no se trata del avión sanitario ni de una gira disfrazada de visita institucional. Ahora, la herramienta elegida para la política con recursos públicos es la educación. El candidato a diputado nacional de Primero los salteños, Bernardo Biella, dictará un curso de RCP y primeros auxilios que -detalle no menor- tendrá puntaje oficial para docentes, avalado por el Ministerio de Educación.
Lo que debería ser una instancia de formación académica neutral se convierte, así, en un acto de campaña con beneficios concretos para un sector clave de la provincia. El mensaje implícito es tan claro como problemático: quien se anote, suma puntos para su carrera, pero también asiste a una actividad organizada por un candidato del frente oficialista.
El movimiento es fino, pero no inocente. En lugar de competir con propuestas, el oficialismo ofrece beneficios tangibles, disfrazados de gestión, para instalar a sus candidatos en la agenda cotidiana de los trabajadores de la educación. Es una jugada que explota la necesidad, en este caso, de puntaje para sembrar simpatía política.
No es la primera vez que el saencismo hace política con recursos públicos. El fin de semana pasado, el avión sanitario fue utilizado para trasladar al gobernador y sus candidatos al norte provincial en plena campaña. Ahora, el Ministerio de Educación se suma a la lista de instituciones que, voluntaria o forzadamente, entran al engranaje electoral.
El problema no es el curso ni la capacitación. El problema es el uso partidario de lo que debería ser del Estado y para todos. Cuando la campaña se cuela en el sistema educativo, el límite entre servicio público y clientelismo se vuelve difuso, y la democracia se empobrece un poco más.
