Un funcionario provincial que se autodefine como mafioso, convocó a asamblea para modificar una vez más el estatuto de la Liga Salteña de Fútbol, para allanar el camino hacia nuevas reelecciones. Como corresponde, fue acompañado por quienes hicieron lo mismo en la Provincia.
El pasado viernes, la Liga Salteña de Futbol, que preside el también secretario de Deportes de la Provincia, Sergio Chibán, mafioso confeso, tuvo una cena de gala para celebrar un nuevo aniversario de la entidad.
Sin embargo, lo que festejó Chibán y sus acólitos a sueldo, no fue el cumpleaños de la desvirtuada institución, sino los resultados de una asamblea en la que se reformó una vez más el estatuto y en la que una vez más, el único voto en contra fue el del Club de Gimnasia y Tiro.
En esa asamblea, se establecieron asombrosas “condiciones de elegibilidad” para ser presidente de la Liga Salteña de Fútbol -LSF-, con la absurda requisitoria de haber sido ya presidente o vicepresidente de la entidad o de algunos de los clubes afiliados, durante los últimos años.
Sin embargo, la escandalosa reforma, establece un veto para los dirigentes de entidades que hayan mantenido conflictos judiciales con la LSF. Además, por si fuera poco, crea departamentos internos, con directores designados por el propio Chibán y les otorga voto en las asambleas, al igual que los clubes.
Tamaño despropósito dirigencial e institucional no podía haber sido avalado por uno de los tres protagonistas de la jornada, el senador nacional y exgobernador Juan Carlos Romero, quien mandó a reformar la Constitución provincial en dos ocasiones y abreva de altos ingresos públicos de modo ininterrumpido desde 1986 a la fecha.
Romero fue reconocido por la Liga, probablemente por su maestría en llevarse puestas las instituciones. Junto a él, su aprendiz, Juan Manuel Urtubey, quien hizo campaña por un cambio que nunca llegó y quien, tras tres gestiones de su antecesor, prometió quedarse un solo mandato como Gobernador, para luego borrar con el codo su promesa.
Finalmente, sonriente y con poncho al hombre, estuvo también avalando tremendo desatino el actual gobernador Gustavo Sáenz, quien también impulsó la reforma constitucional en nombre de la “calidad institucional”, sin embargo, dio la orden estricta a los convencionales de no incorporar una cláusula transitoria para impedir quedarse en la gobernación durante doce años.
En la semana de la oprobiosa e inmoral conducta de Juan Carlos Romero, sólo a Chibán se le ocurre posar orondo ante su persona.
