La Asociación de Rugby de los Barrios nació sin fines de lucro creada por el estado —según su propia definición— para trabajar con chicos en situación de vulnerabilidad. Para los que no tienen club privado, cuota en dólares ni contactos. Para los que necesitan que alguien les abra una puerta.
Ahora bien, cuando llega el momento del viaje internacional, el que termina en Francia es el hijo del diputado Adrian Valenzuela, el cual cobra millones).
Nada contra el chico. Puede ser crack, puede ser el próximo Puma. El punto no es ese. El punto es otro: si la asociación está pensada para pibes de barrios vulnerables, ¿cómo se define quién viaja? ¿Hay ranking público? ¿Evaluación técnica? ¿Informe social? ¿O alcanza con el apellido?
Porque cuesta entender cómo, entre tantos chicos que supuestamente son el corazón del proyecto, termina viajando el “hijo de”. Y no cualquier hijo de: el hijo de un diputado.
Y mientras tanto, en FM Aries, el tema pasa por el programa conducido por la hija de Valeria Soria —asesora legislativa— en una entrevista a Marcelo Córdova donde las preguntas flotan, pero las precisiones no aparecen. Mucha charla, poco dato. Mucha buena onda, cero repregunta incómoda.
La escena: asociación para vulnerables, viaje a Europa, hijo de dirigente político, entrevista amigable en radio con vínculos políticos. Todo queda en familia.
Nadie dice que el chico no tenga mérito. Lo que se pregunta es si el mérito es el único criterio. Porque si el proyecto es para los que más necesitan, el estándar debería ser más alto que el silencio y la foto.
Cuando se trata de oportunidades financiadas, gestionadas o apalancadas con respaldo institucional, la transparencia no es un detalle técnico. Es la base.
Por Susana Del Frari
