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martes, octubre 6, 2026

El saencismo radicaliza su postura contra extranjeros

Primero fueron por la salud, ahora también quieren cobrarles la educación. No obstante, sus legisladores nacionales están dispuestos a acompañar la extranjerización de las tierras.  

El giro no es nuevo, pero empieza a hacerse explícito. El saencismo viene endureciendo su discurso contra los extranjeros desde hace meses y ya no se limita a la gestión sanitaria: ahora también avanza sobre la educación pública superior. Lo que comenzó como una medida “excepcional” en hospitales hoy se proyecta como un posicionamiento político más amplio, con un mensaje que combina oportunismo, demagogia y un trasfondo cada vez más cercano a la xenofobia.

El propio gobernador Gustavo Sáenz fue quien marcó el camino. Cuando impulsó el cobro a extranjeros en el sistema de salud, lo justificó con argumentos que apelan directamente a una lógica de confrontación: “venían con cirugías programadas y los salteños se quedaban sin cama”, repitió en más de una oportunidad. La medida, formalizada en 2024, buscó que los extranjeros “contribuyan a solventar los gastos” del sistema público.

Con el correr de los meses, el discurso se fue endureciendo. Desde el gobierno provincial celebraron que la atención a extranjeros cayó “casi un 95%”, y el propio Sáenz sostuvo que eso permitió “priorizar la atención de los salteños”.

Pero los datos disponibles relativizan el dramatismo del planteo. Informes comparativos advierten que el peso de los extranjeros en el sistema de salud puede ser marginal y que el debate muchas veces se corre hacia el terreno político más que sanitario. En ese desplazamiento, el extranjero deja de ser un paciente para convertirse en un problema.

Ese mismo esquema ahora se replica en el plano educativo. El saencismo parece que acompañará el insólito proyecto de La Libertad Avanza para cobrarle a estudiantes extranjeros en la Universidad Nacional de Salta, aunque nuestra UNSa sea un organismo nacional y las instituciones salteñas no tengan ninguna injerencia en lo académico y administrativo.

El oficialismo provincial que ya no se muestra incómodo con ese tipo de iniciativas. Por el contrario, las legitima desde lo discursivo, ampliando el alcance de una narrativa que pone en cuestión principios históricos como la gratuidad universitaria.

La primera en salir con este discurso fue la propia ministra de Educación, Cristina Fiore. Ahora el diputado Juan José Esteban. A los dos “les parece bien” el cobro a extranjeros. En ese contexto, el saencismo parece haber encontrado una sintonía fina con ese clima de época que imponen los libertarios.

La contradicción aparece cuando se mira el otro lado del mostrador. Mientras se endurece el discurso contra quienes vienen a estudiar o atenderse, el saencismo no muestra reparos en acompañar proyectos que habilitan la extranjerización de tierras o grandes inversiones con beneficios extraordinarios. El extranjero molesta cuando usa un hospital o cuando pretende estudiar; no tanto cuando compra territorio.

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