Por las calles coloniales de la ciudad de Salta, transitan vehículos particulares, comerciales, el transporte público local y de la zona metropolitana, y todos los demás vehículos del área estatal (policías, ambulancias, y otras dependencias).Todo esto en una ciudad, que según los cálculos del último censo nacional, llegaría a los  más de 600 mil habitantes en 2018.

En 2016, en toda la provincia de Salta se contaba con un parque automotor de 238 mil vehículos, y experimentó un boom de crecimiento del 20% del parque automotor en 2017. Si se observa comparativamente, Salta tiene más autos por habitantes que la ciudad de Buenos Aires, que en 2016 contaba con 1.682.650 vehículos, y 3.090.151 de habitantes.

El caos de tránsito no es solo un problema que hace perder el tiempo, también puede ser fatal. Se trata de un problemática con aristas ambientales e incluso de salud pública. Frente a este enorme problema, la provincia siempre se lo arroja al municipio; el municipio dice que hace lo que puede y así se pasan la pelota de un lado al otro. Pero el problema del caos del tránsito continua, y por lo menos, en capital tiene dimensiones colosales.

En este sentido, se puede mencionar, por ejemplo  un estudio de investigadores de la UNSa, quienes midieron concentraciones de smog en algunos puntos de la ciudad, con valores muy similares a los de las ciudades más contaminadas del mundo.

A esto se suma el deterioro de las condiciones edilicias y de las calles de la ciudad y el riesgo de siniestralidad. En este problema, provincia y municipio compiten en negligencias. El transporte del área metropolitana es un problema de todos los días. Y cada vez se agudiza más.

Los problemas de transporte no deben dejar de rehenes a la inmensa cantidad de salteños que todos los días necesitan transitar ciudad capital. La intendencia debería tomar cartas en el asunto de manera inmediata.

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