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domingo, junio 14, 2026

Emilia Orozco se quiso quedar con el despacho de Nora Giménez, truchó un cartel y la descubrieron

La senadora salteña volvió a quedar en el centro de otro papelón. Esta vez no fue por discursos incendiarios ni peleas mediáticas, sino porque intentó apropiarse de un despacho que no le correspondía y terminó expuesta dentro de la propia cámara.

La disputa por los despachos en la Cámara alta es un clásico silencioso del poder. Oficinas, ubicaciones y metros cuadrados se negocian con la misma intensidad que proyectos y cargos. En ese contexto, la llegada de la nueva conformación del Senado, con Victoria Villarruel al frente, dejó heridas abiertas y malestar en varios bloques. Pero el caso de Emilia Orozco logró ir un paso más allá.

La senadora “libertaria”, representante de Salta y figura frecuente en polémicas, intentó quedarse con el despacho que había ocupado Nora Giménez, exsenadora por el kirchnerismo. No lo hizo por los canales administrativos ni esperando una resolución formal: directamente avanzó con una maniobra burda, alterando la cartelería oficial para simular que la oficina ya le había sido asignada.

La jugada duró poco. Las autoridades del Senado detectaron la irregularidad y dieron marcha atrás. Orozco fue notificada de que la asignación de despachos dependía de la vicepresidencia y que no había ninguna autorización para ocupar ese espacio. El episodio generó incomodidad incluso dentro del oficialismo, donde el clima ya venía caldeado por el reparto de oficinas.

Días después, el desenlace fue el esperado: un decreto oficial confirmó que Orozco debía mudarse al Anexo, a una cuadra del Palacio Legislativo, al tercer piso, donde finalmente se le asignaron los despachos 311 y 312, según el diario Clarín. Lejos quedó el intento de quedarse con una oficina que no le correspondía, aunque el escándalo ya estaba consumado.

El episodio no es menor ni anecdótico. Expone una forma de entender la política donde las reglas parecen opcionales y el atajo es método. También confirma que Emilia Orozco, llegada al Congreso bajo el ala de Alfredo Olmedo, mantiene una llamativa capacidad para quedar envuelta en situaciones que rozan el ridículo institucional.

Mientras el discurso libertario promete orden, transparencia y austeridad, en los pasillos del Senado se multiplican escenas que van en sentido contrario. Y Orozco, una vez más, se las arregla para estar en el centro de la escena, aunque sea por querer quedarse con un despacho ajeno.

El cartel que truhcó orozco
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