En el peor momento de su gestión, el saencismo salió a vender una dudosa medición que lo ubica en la cima. Una puesta en escena que intenta tapar dos crisis que dejaron al gobierno contra las cuerdas.
En medio de uno de los momentos más delicados de la gestión de Gustavo Sáenz, la maquinaria comunicacional del gobierno decidió jugar su carta más conocida: una encuesta. No cualquier encuesta, claro, sino una que lo posiciona como “el gobernador con mejor imagen” del país. Un título rimbombante para una realidad bastante menos amable. Una reacción desesperada.
La movida no fue inocente. Detrás del número inflado y la sonrisa impostada hay una necesidad urgente de cambiar el eje de la conversación. Porque hasta hace días, lo que dominaba la agenda salteña eran dos errores difíciles de maquillar: la crisis del transporte urbano que dejó a los salteños sin servicio nocturno y el escándalo por las facturas de EDESA, que encendieron el enojo en toda la provincia.
Dos “tiros en los pies” que el propio oficialismo se encargó de ejecutar. La gestión de ambos conflictos fue errática, tardía y, sobre todo, desconectada del impacto real en la gente. El malestar creció rápido, y la respuesta del gobierno llegó cuando ya era imposible contenerlo.
El manual del “si pasa, pasa” volvió a ponerse en práctica. Primero, dejar correr el problema. Después, minimizarlo. Y finalmente, recular. Siempre en ese orden. Siempre tarde, después de que el rechazo social se vuelve inocultable.
La encuesta de la consultora CB aparece como una especie de cortina de humo. Un intento de reinstalar una narrativa positiva en medio de un escenario adverso. No es la primera vez que se acude a este recurso, pero pocas veces el contraste entre los números y la calle fue tan evidente.
