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lunes, julio 22, 2024

Es Milei o somos Nosotros

*Por Edmundo Falú

En estos días y con bastante frecuencia escucho conceptos sobre el Presidente sobre su estado mental, el ” loco”, está “alienado” o tiene sus “facultades alteradas”; sin que esto promueva una acción inmediata por parte de la sociedad y de sus representantes, de una acción constitucional para removerlo de su puesto de jefe de estado. Entonces pienso que no es Milei el problema sino somos nosotros, el pueblo argentino, una sociedad distópica. El diccionario  dice que la  distopía es la “representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”. Las distopías a menudo se caracterizan por la deshumanización, los gobiernos tiránicos, posguerras de conflictos de grandes dimensiones, los desastres ambientales u otras características asociadas con un declive cataclísmico en la sociedad.

Las distopías guardan mucha relación con la época y el contexto sociopolítico en que se conciben. Por ejemplo, algunas distopías de la primera mitad del siglo XX advertían de los peligros del socialismo de Estado, de la mediocridad generalizada, del control social, de la evolución de las democracias liberales hacia sociedades totalitarias, del consumismo y el aislamiento.

Cuando el Presidente insulta, muestra señales de odio o se califica como el destructor del propio Estado al que fue votado para conducir, en una sociedad normal y por autoprotección se habría producido una reacción colectiva inmediata para terminar con su gobierno. Sin embargo, veo y escucho sectores que lo aplauden y hasta una senadora nacional que lo calificó como “Dios hecho hombre”.

También leí que en una misa los curas cantaron a viva voz con los feligreses que “la patria no se vende” y como respuesta recibió el pedido que done el oro de las iglesias a los pobres, con una clara intención de decirle a los curas que no se metan con el gobierno. Otra muestra de nuestra alienación es tolerar que la NATO, en donde el Reino Unido es miembro, firme un acuerdo con Argentina para instalar una base militar en Ushuaia. Pero no termina ahí la cosa. Hace unos días una senadora nacional cambió su voto con la promesa que iba ser designada embajadora en la Unesco con un sueldo de 15000 dólares mensuales. Los medios cubrieron la noticia, pero tampoco la sociedad reaccionó. Recuerdo claramente cuando hace unos años Borocotó, Eduardo Lorenzo, decidió pasarse a las filas del Partido de la Victoria desde Propuesta Republicana. La reacción de votantes, medios de comunicación y referentes políticos fue de total rechazo y de ironía. Sin embargo, con el correr de los años, la sociedad comenzó a tolerar o a no rebelarse ante situaciones que impactan negativamente y debilitan la confianza en nuestra democracia.

No dejo de mencionar el tristísimo papel de los Diputados Nacionales por Salta, pertenecientes a Unión por la Patria, que votaron a favor el proyecto de la ley Bases, obedeciendo órdenes del Gobernador e ignorando el mandato de quienes lo consagraron como los representantes de sus convicciones e ideales políticos.

Pero creo que son etapas que necesariamente los pueblos deben padecer para aprender y madurar. Siempre recuerdo una frase que los pueblos no aprenden de experiencias ajenas. Necesitan atravesar situaciones distópicas para encaminarse hacia un rumbo con sentido colectivo y así alcanzar el desarrollo y su felicidad.

 

* Edmundo Ariel Falú nació el 4 de julio de 1956 en Salta, es mellizo de una hermana mujer. Su primaria la cursó en la escuela Justo José de Urquiza y el secundario en el Colegio Belgrano. En 1974 comenzó a estudiar Medicina en Buenos Aires y se recibió en 1979, especializándose luego en cardiología. Lleva años dedicándose a su profesión y desde 1991 es Jefe de Unidad Coronaria en Sanatorio El Carmen. Proveniente de una familia involucrada en política –su padre fue presidente del partido Justicialista y diputado nacional en 1973 hasta el golpe de 1976- recién en 2001 decidió intervenir para formar parte de la agrupación Unidos por Salta que se oponía a la reforma constitucional que habilitaba la re-elección del entonces gobernador, Juan Carlos Romero. Colaboró en el armado del Partido de la Victoria y fue candidato a Senador provincial pero abandonó cuando se auspiciaba la convergencia con el partido Renovador. En 2013 fue convocado por Víctor de Gennaro para incorporarse a la Unidad Popular, renunció al Partido Justicialista y comenzó a trabajar en ese frente.

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