La exitosa cosecha de votos de Emiliano Durand es inversamente proporcional a sus parámetros éticos y el crecimiento como dirigente político. Su comportamiento en el tratamiento de la Ley Antiprotestas se limitó a un decidido voto a favor, pero en un marco de silencio vergonzante.
A fines de junio de 2022, el Emiliano Durand pronunció tal vez su único discurso en el recinto de la Legislatura, lo hizo a pocos días del fallecimiento del exjuez federal Ricardo Lona, señalando lo siguiente: “No merece ningún homenaje, fue un juez que permitió crímenes aberrantes y garantizó la impunidad. Un juez que en la última dictadura militar no defendió ni la libertad, ni la vida”.
En esa ocasión, muchos entendieron que esa manifestación fue vertida en su condición de nieto de la reconocida referentes de Derechos Humanos, Lucrecia Barquet, quien militó en la “Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por razones políticas y gremiales”, luego de regresar a Salta desde el exilio.
Durand pasó de esa manifestación que sorprendió por su contenido y audacia, a una votación silenciosa y vergonzante el pasado 1 de junio de 2023, cuando acompañó la sanción definitiva de la conocida Ley Anti protesta social, la cual fue caracterizada como una norma propia de la dictadura porque cercena un derechos elementales como los reclamos y la expresión.
En una sesión del Senado provincial que quedará en la memoria colectiva y en el marco de un encendido debate, no sólo se aguardaba la votación sino también, era muy esperada la palabra del senador por Capital, por varias razones, la primera por la cuestión familiar señalada y la segunda por ser una figura política que viene de dos exitosas cosechas electorales.
Al parecer, ese éxito electoral es inversamente proporcional a la decadencia ética y a la imposibilidad de verbalizar una postura política concreta que vaya más allá de hablar de cursos de capacitación de dudosa eficacia para que Salta salga de la pobreza.
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