Acorralado por las graves irregularidades con la escuela 7160 y con la escuela de Pinares, que funciona sin acto de creación, el secretario de Gestión Educativa decidió renunciar a su cargo.
La crisis en el Ministerio de Educación de Salta sumó este sábado un capítulo de alto voltaje político con la renuncia de Alejandro Williams Becker, hasta ahora secretario de Gestión Educativa. Su salida se produce en medio de los cuestionamientos por las irregularidades detectadas en la escuela 7160, conocida como la “escuela fantasma”, y por la situación administrativa de la institución de Pinares, que funciona sin que se haya formalizado su acto de creación. Estos casos pusieron bajo la lupa los mecanismos de control, nombramientos indiscriminados y la gestión de los establecimientos educativos en Salta.
El caso de la escuela 7160, la escuela fantasma, expuso un entramado de decisiones administrativas que despertó serios interrogantes sobre la manera en que se realizaron las designaciones docentes y se organizaron funciones dentro del sistema educativo. Una auditoría de la Sindicatura General de la Provincia (SIGEN), realizada entre junio y julio, detectó irregularidades que dejaron al descubierto “fallas” en procedimientos que deberían contar con controles básicos.
A ese escenario se sumó el caso de la secundaria de Pinares, donde también quedaron expuestas inconsistencias administrativas, esta vez vinculadas con la propia existencia formal del establecimiento. Que una institución funcione sin el correspondiente acto de creación abre interrogantes sobre las condiciones en las que se habilitó su actividad, las decisiones que hicieron posible su funcionamiento y las responsabilidades de los funcionarios que debían garantizar que cada paso se ajustara a las normas.
La salida de Becker se da en el medio de en una crisis que está lejos de ser un asunto estrictamente administrativo. Todo lo contrario, es un problema político para el Ministerio de Educación. Aunque las responsabilidades específicas de cada funcionario deberán establecerse a partir de la documentación y de las actuaciones correspondientes, la acumulación de irregularidades en establecimientos distintos compromete la credibilidad de los procedimientos con los que la cartera educativa administra sus recursos y organiza su estructura.
La renuncia también abre interrogantes sobre el alcance de las responsabilidades dentro de la conducción del área. Becker ocupaba una posición estratégica en la gestión educativa provincial, por lo que su salida obliga a mirar más allá del funcionario que deja el cargo: qué sabía la conducción ministerial, qué controles se realizaron y por qué las anomalías no fueron detectadas o corregidas antes de que se convirtieran en un escándalo público. La salida de un secretario puede resolver una urgencia política, pero no reemplaza las explicaciones que exige una situación de esta magnitud.
Ahora habrá que ver cuál es el futuro de Cristina Fiore, principal responsable de los escándalos que se conocieron en el Ministerio. El festival de nombramientos a sindicalistas, funcionarios del Ministerio y “conocidos” de la política debe terminar con una interpelación a fondo de la titular de la cartera educativa para analizar su grado de responsabilidad en estas irregularidades.
