Una mañana se levantó y se le ocurrió ayudar, utilizando su espacio masivo de interacción. Y consiguió rápidamente una ambulancia para las comunidades wichi; no solo hizo eso, sino que consiguió dos camionetas, un camión lleno de donaciones y dinero.
Hasta ahí una historia, una buena historia, mejor dicho. ¿Entonces qué pasó?
Lo que suele suceder cuando los intereses personales y mezquindades se colocan por arriba del bienestar colectivo.
El instagramer relató en primera persona cada paso que pudo dar, y los que no, en su llegada al norte de la provincia. Fue increpado por tres grupos diferentes que “necesitaban” saber que se iba a hacer con las camionetas. Uno de los grupos de mala manera, llevando, así, el buen gesto de las donaciones a una disputa de poder y territorial.
No conforme a esto, al momento en que Santiago y sus amigos querían partir a Embarcación con las dos camionetas, tuvieron que salir dentro de un móvil policial, ya que otro grupo de la zona estaba cortando una ruta y no los iba a dejar pasar con las donaciones.
A todo esto, una fundación que iba a colaborar con Maratea con el acondicionamiento y el mantenimiento de un móvil sanitario se bajó por la presión de la disputa de poder de los caciques y algunos de los intereses que representan.
Lo que debía ser una jornada festiva y de agradecimiento por un gesto de alguien que se interesó por una problemática ajena, terminó con las camionetas estacionadas a la espera de una solución, las donaciones en un canchón municipal y el temor por las diferencias entre sectores que debían recibir las muestras solidarias con los brazos abiertos pero que con un puño cerrado opacaron una acción genuina y desinteresada de empatía.
Por Juan Vargas
.
