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domingo, octubre 4, 2026

Las prioridades en la Legislatura: una máquina expendedora de café

En el medio de una profunda crisis económica, el “Tuty” Amat y el “Gringo” Marocco” vuelven a mostrar que su desconexión con el grueso de los salteños es total.

Mientras cientos de miles de familias salteñas atraviesan por una profunda crisis económica, donde se hace cada vez más difícil cubrir necesidades básicas como el alimento, el acceso a la salud y la educación, la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores de la provincia llamaron a una Adjudicación Simple para adquirir, cada cámara, una máquina expendedora de café.

De acuerdo a la Adjudicación 33/2024 de la Cámara de Diputados se busca obtener una máquina expendedora que tenga “la variedad de 14 bebidas calientes más el edulcorante y azúcar”. Serían unas mil unidades al mes. En tanto, la Adquisición 29/24 de la Cámara de Senadores, buscan obtener también una cafetera eléctrica para la Secretaría Administrativa.

Este movimiento -y este gasto- de las cámaras legislativas, aunque a primera vista pueda parecer menor en comparación con otras decisiones presupuestarias, plantea una pregunta fundamental: ¿dónde están las prioridades de nuestros representantes?

La Argentina atraviesa una de las crisis económicas más severas de las últimas décadas, donde la inflación es todavía alta, con salarios que no alcanzan para cubrir el costo de la canasta básica, y el desempleo afecta a miles de personas, cada gasto público debería estar justificado, priorizando las verdaderas necesidades de la población. Sin embargo, parece que, dentro de las paredes del edificio de calle Mitre 550, el presidente de la Cámara de Diputados, Esteban “Tuty” Amat y el titular de Senadores, Antonio “Gringo” Marocco, viven en una realidad paralela, ajenos a los apremiantes problemas de los ciudadanos.

Si bien una máquina expendedora puede no parecer un gasto extraordinario, su simbolismo es innegable. En tiempos donde se pide “sacrificios y austeridad” a la población, decisiones como esta envían un mensaje claro: la desconexión entre los representantes y sus representados es cada vez más evidente. Mientras muchos trabajadores deben ajustar su bolsillo hasta para comprar una botella de agua, en la Legislatura se instala una máquina para facilitar el acceso a snacks y bebidas a quienes ya cuentan con salarios y beneficios privilegiados.

Otra pregunta obvia es: ¿era realmente necesaria esta adquisición? Las oficinas públicas y los edificios gubernamentales suelen contar con servicios básicos que, aunque no lujosos, son suficientes para las necesidades laborales del día a día. Entonces, ¿qué justifica este gasto? ¿Es este el mejor uso de los recursos en un momento tan delicado? A los ojos de muchos, este tipo de decisiones parecen frívolas y desconectadas de la realidad.

Mientras la clase política toma decisiones que afectan directamente la vida de millones, es crucial que mantengan los pies en la tierra. Cada gasto, cada política, cada acción debe estar orientada a mejorar la situación de quienes los eligieron para representarlos, no para satisfacer caprichos o lujos innecesarios.

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