El Milagro es, todos los años, ese momento especial en que los políticos se hacen los buenos. Se mezclan, se codean, se sacan fotos con todos. Esos días, el centro se llena de peregrinos, sí, pero también de funcionarios que aprovechan para no hablar de política, o mejor dicho, para no hablar de sus responsabilidades.
Antes de empezar la procesión, un movilero de Canal 10, el canal ultra-oficialista, le tiró un centro a Gustavo Sáenz: “los peregrinos los reciben bien, aunque la gente está enojada con los políticos, ¿Cómo se explica eso?”. Y botita infló el pecho y soltó: “porque yo no soy de la política, soy uno más de ellos”.
¿Uno más? Si fuera “uno más” no se habría llenado de departamentos y propiedades a costa del pueblo salteño, haciéndose el humilde mientras es la casta que gobierna. Pero claro, que no se note.
Luego destacó que para el Milagro “hay gente de todo el país y extranjeros” que emocionan con su fe; no dijo, por supuesto, que bajo su gestión se cobra atención en los hospitales públicos a esos mismos extranjeros. Ironías de la vida o de demagogia level saencista.
Y cuando lo quisieron llevar a hablar de política, Sáenz se corrió con el clásico “sería imprudente hablar de política hoy”. Mejor dejar para mañana o para pasado o mejor nunca porque siempre es mejor repetir frases hechas.
Así que no gobernador, usted, no es uno más. Desde vuestro sitio web desde hace tiempo en soledad venimos siguiendo con lupa sus acciones. Usted acumula privilegios que rozan la vergüenza ajena y se pasea por la procesión diciendo que es uno más; la distancia real que hay entre usted y la gente es cada vez mayor.
Mientras los peregrinos de corazón caminan kilómetros, usted camina entre propiedades y negocios, aunque diga lo contrario.
