Proyectos irrelevantes, discursos vacíos y una desconexión total con la realidad, en la Legislatura parecen competir en quién aporta menos al debate público. El oportunismo de Juárez se erige como el símbolo más visible.
La Legislatura de Salta se ha convertido, en los últimos años, en una especie de show de baja calidad, donde la producción es pobre, el guion es flojo y el elenco parece más preocupado por su propia imagen que por las necesidades reales de la gente. Entre discursos que no dicen nada y proyectos que no sirven para nada, se ha consolidado un clima en el que la mediocridad ya no es una excepción: es la norma.
En ese contexto, Mónica Juárez brilla… pero no precisamente por su aporte legislativo. Su figura es la de una influencer política que, más que redactar leyes o defender causas, se dedica a sostener una presencia constante en los medios y las redes. Es el tipo de diputada que mide su éxito en likes y menciones, mientras la provincia sigue con problemas estructurales sin resolver.
En este marco, la diputada decidió avanzar con un proyecto de Resolución para dar su opinión sobre un complejo conflicto entre un concejal electo de La Libertad Avanza y un periodista. Es acá a donde Juárez siempre busca tener un poco de protagonismo y sacar provecho de alguna situación.
Pero la exconductora de TV no está sola en este podio de la irrelevancia. A su lado, varios diputados comparten la misma agenda vacía, ocupando bancas como si fueran asientos de un programa de chimentos. Las sesiones se transforman en una sucesión de gestos, frases hechas y poses para la foto, muy lejos de lo que debería ser un espacio de debate serio y productivo.
El resultado es una Legislatura desconectada, donde la política se diluye en la banalidad y la improvisación. No hay ideas de fondo, no hay visión a largo plazo y, sobre todo, no hay una mínima autocrítica. Es un espectáculo que agota a la ciudadanía y que erosiona cada vez más la confianza en las instituciones.
Tal vez el verdadero problema es que esta baja calidad legislativa ya no genera escándalo. Nos hemos acostumbrado a que Mónica Juárez y compañía sigan ahí, ocupando bancas, hablando mucho y diciendo poco, mientras Salta espera que algún día sus representantes estén a la altura de su cargo.
