No hizo falta esperar demasiado. Bastaron unos días para que Flavia Royón demuestre su verdadera cara.
El año pasado les dijo a los salteños que iba a ser diputada provincial. Pidió el voto, lo consiguió y ni siquiera ocupó su banca y ya estaba de campaña por el Senado nacional.
La estafa no fue solo el cambio de cargo. Fue el recorrido previo. Royón arrancó su campaña caminando la Universidad Nacional de Salta, hablando de educación pública, de ciencia, de futuro. Fotos y promesas. Ya como senadora nacional, avaló el artículo 30 en el marco de la discusión del presupuesto, una joyita legislativa que desfinancia la salud, la educación técnica y la ciencia. El círculo, de esta manera, se cerró solo.
El debut de los legisladores nacionales saencistas terminó de despejar cualquier duda: el “primero los salteños” fue un perverso slogan. De esos que se usan y se tiran. No hubo prioridad provincial, hubo obediencia a Milei.
En las últimas horas se conoció la lista de asesores de la senadora: diez.
Diez sueldos millonarios pagados por el Estado. Además de algunos nombres ligados al ex senador salteño, sobresale como guiño explícito al pasado uno: Fernando Palópolis, histórico asesor de Juan Carlos Romero, ahora parte del equipo Royón.
Nada es casual. Todo responde a acuerdos. A rosca. A compromisos asumidos antes de que el votante siquiera se entere.
Royón hoy se mueve como la casta pero con lenguaje técnico y sonrisa institucional. El orden de prioridades quedó claro: primero los acuerdos, después la conveniencia personal, más tarde los bancos, las mineras y los respaldos empresariales. Los salteños quedaron para el final. Eso, sí, si queda espacio.
