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jueves, febrero 12, 2026

Opinión | La foto que nos faltaba

Al observar la imagen podemos pensar muchas cosas. Podemos opinar de diferentes maneras y hasta podemos estar de acuerdo o no.

Lo difícil es coordinar lo que representa, analizar en lo más profundo la coherencia de la dicotomía, la contradicción estrepitosa. Ciertamente, lo difícil es ubicar más allá del cinismo, una explicación lógica que no desagrade tanto.

El punto es que tanto el artista como el político están anclados en posiciones representativas discordantes. El Sr. Palavecino es un intérprete de canciones de raíz folklórica y que por lo general viste con trajes y ropas tradicionales, algo exagerado para mi gusto, casi impostado podría ser, más aún… cuando luce, o mejor dicho expone, en forma obscena, anillos, pulseras y rolex de brillante oro, la verdad… mejor sería si cantara con el uniforme de chofer de colectivos de «la Veloz» pues de seguro sería más genuino…

Del otro lado el Sr. Milei, siempre extravagante, provocador, hasta podría decir, y pido disculpas… hasta ofensivo en sus formas y fondos. Un notable abusador de la imagen presidencial. Una caricatura del Menem que admira. Mas que el «Outsider» de la política diría que es una falta de respeto a la misma.

La cuestión es que se supone que el Chaqueño debería representar al folklore… o sea a todos esos bienes cultuales que constituyen nuestra herencia, que producen sentidos de pertenencia, que se arraiga en la memoria colectiva, que constituyen los ejes de nuestra sociedad y que refuerzan emocionalmente el sentido de comunidad como algo característico, original y fundamentalmente bello. Pero… en un acto de sumo arrojo avala a un Milei que representa justamente todo lo contrario. El desprecio hacia todo lo “nuestro”, a todo lo americano-gaucho-indígena, que considera desde Sarmiento “la Barbarie”, al margen de promover el individualismo exacerbado del neoliberalismo que se manifiesta por medio de este libertarismo apátrida, que tiene por objeto trabajar en el desdén, la apatía y la peyorización de nuestra cultura.

Contracultura libertaria y ruin, perversa, apática, despersonalizada de sentires y de amores, donde predomina el derecho de realizarse por encima de los demás y que muestra el abismo del consumo hiperbólico y autodestructivo como único camino de felicidad y realización. La indiferencia aterradora ante el sufrimiento del prójimo, la muerte de las solidaridades y de la caridad. Y lo peor de todo – la banalización irresponsable de todos estos males.

Solo esto le faltaban a estos festivales pseudofolklóricos para terminar en una foto kafkiana.

Luego de una pandemia sanitaria que nos ha mostrado innumerable cantidad de cosas, que al parecer no hemos podido apreciar ni aprender, como la visualización de las desigualdades abismales en el mundo y en nuestro país. Hemos salido de Guatemala para caer estrepitosamente en Guatemilei.

La nueva pandemia es la pérdida del espíritu crítico y la inserción en el campo de la pringosa y nefasta estupidez.

Por José de Guardia de Ponté

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