Existen en este momento monarquías constitucionales. Como es el caso de España y Gran Bretañas, donde las coronas asumen el rol de Jefes de Estado, pero el gobierno está en manos de un parlamento. En esos estados, tanto el poder Legislativo, como la Justicia y el Gobierno, son absolutamente independientes, y se controlan unos a otros.
Antes el rey se declaraba monarca por derecho divino. Y como Dios lo quería, nadie podía controlar ninguno de sus actos. El rey dictaba las leyes y era la última autoridad judicial.
Salta se parece a los monarcas por derecho divino, pues los gobernadores controlan todos los poderes y ninguno se anima a controlar al Gobernador. Menos, aún, la Auditoria de la Provincia, un conglomerado de becarios.
Juan Carlos Romero y Urtubey, han tenido y ahora Sáenz, tanto poder, que se parece más a las monarquías por derecho divino, que a una república.
Juan Carlos, como controlaba el Legislativo, inició juicio político a miembros de la Corte de Justicia que no les gustaba. Cuando renunciaron, el juicio político se suspendió. Mediante una reforma constitucional express, logró su tercer mandato. La Constituyente funcionó durante dos horas.
Urtubey aumento a siete el número de miembros de Corte. Sáenz lo aumentó a nueve y ya designó a tres. Ahora está tramitando dos designaciones más, por lo que los amigos y amigas designados, van a ser la mayoría, cinco sobre nueve.
Las consecuencias son las siguientes.
El Tribunal Electoral de cinco miembros tiene tres jueces de Corte. O sea, la mayoría. Para colmo, el cuestionado voto electrónico, rechazado por los países independientes y por los salteños y también por el Congreso de la Nación, no nos garantiza certeza en el resultado final.
El Consejo de la Magistratura es presidido por un Juez de Corte.
En el Jury de Enjuiciamiento de Magistrados, integrado por nueve miembros, cinco le responden al gobernador, entre ello un juez de Corte y el Fiscal de Estado. Los magistrados juran con la mano en la Constitución y el cuello en la guillotina. Los magistrados deben autocontrolarse, pues pueden ser despedidos cuando se le ocurra al gobernador.
Por ello digo que el gobernador de Salta, por la debilidad de sus instituciones, es un monarca.
Pero lo verdaderamente triste, es que los salteños admitimos pasivamente este despropósito institucional y no se vislumbran acciones que tiendan a modificarlo.
La señera constitución salteña de 1985 habilita a la ciudadanía a demandar tanto al estado como a los gobernantes que les ocasionen un perjuicio. ¿Cree el lector que si le tocara demandar al gobernador, recibiría un trato objetivo por parte de nuestra Justicia?
Tanto poder es malo. Pero no significa que automáticamente sea un corrupto o un déspota. Presidentes como Maduro y Ortega en Nicaragua, tuvieron todo el poder y fueron autócratas. Bukele, en El Salvador, tiene todo el poder y trajo paz, seguridad y prosperidad.
Mandela, 37 años preso y torturado, primer presidente Negro de Sudáfrica, no buscó venganza. Tenía todo el poder pues la mayoría parlamentaria le correspondía. Pero fue un buen presidente. Hitler y Stalin, ambos con toto el poder, causaron solo daño.
Sáenz tiene muchísimo poder, pero no actúa despóticamente. Pero la falta de controles es mala consejera.
Por Santos Jacinto Dávalos
