El acuerdo exprés del saencismo podría durar menos que un voto incómodo. El PRO ya judicializó la maniobra y apunta directo a la Auditoría General de la Nación.
El cargo de Pamela Calletti en la Auditoría General de la Nación (AGN) quedó bajo seria amenaza. El PRO, a través del diputado Cristian Ritondo, presentó un amparo judicial para que se declare la inconstitucionalidad y nulidad de la resolución que designó a los nuevos auditores, entre ellos la dirigente salteña alineada con el gobernador Gustavo Sáenz.
El planteo no es menor: el PRO sostiene que los nombramientos de Rita Mónica Almada, Juan Ignacio Forlón y Pamela Calletti se realizaron por fuera del temario habilitado para la sesión extraordinaria convocada por el Gobierno nacional. Es decir, se avanzó con una decisión clave sin respaldo reglamentario, forzando la interpretación del reglamento parlamentario.
Pero detrás del argumento jurídico hay una pelea política a cielo abierto. En el macrismo están furiosos porque la designación de los auditores fue producto de un acuerdo parlamentario entre Máximo Kirchner, Martín Menem y los gobernadores del norte, que dejó al PRO completamente afuera del reparto. Una jugada quirúrgica que desplazó al macrismo y reconfiguró el control de la AGN.
En ese esquema aparece Pamela Calletti como una de las grandes beneficiadas del arreglo del saencismo, el mismo espacio político que aportó votos clave contra el financiamiento universitario y contra los derechos de las personas con discapacidad, alineándose sin pudor con las exigencias del ajuste libertario. Un respaldo político que hoy parece más transaccional que sólido.
El problema para Calletti es que ese acuerdo, celebrado como un triunfo puertas adentro del saencismo, podría ser efímero. Si la Justicia avanza con el amparo del PRO, la designación completa podría caerse, dejando expuesto que el cargo se sostuvo más en un pacto coyuntural que en una construcción institucional firme.
Mientras el Gobierno nacional predica transparencia y austeridad, la Auditoría, el organismo encargado de controlar al propio Estado, queda envuelta en una disputa por cargos, reglamentos forzados y acuerdos cruzados. Y Pamela Calletti, lejos de consolidarse, queda colgada de un hilo judicial y político que puede cortarse en cualquier momento.
