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domingo, octubre 4, 2026

Purga en el Gabinete: ¿adiós a dos históricos?

Sáenz mueve piezas para maquillar el desgaste en su segundo periodo. Los ministros Ricardo Villada y Martín De Los Ríos están con un pie afuera.

La debacle electoral de octubre dejó al gobernador Gustavo Sáenz con una única certeza: algo tiene que cambiar. Después de cargarse al hombro sin éxito la campaña de Flavia Royón y quedar 13 puntos abajo de La Libertad Avanza, en el Grand Bourg empezó la fase de “reacomodos”, ese clásico eufemismo para nombrar lo que en realidad es una fuga hacia adelante. Para ello mandó una nueva ley de Ministerios a la Legislatura y ya cuenta con media sanción en Diputados.

En ese tablero aparece el nombre del ministro de Gobierno, Ricardo Villada, uno de los funcionarios más desgastados del gabinete. Villada está con Sáenz desde el minuto cero y, a esta altura, más que un ministro parece un símbolo del agotamiento de un modelo de gestión. Fue artífice de dinamitar casi todos los puentes con la oposición, y su salida debió haberse producido mucho antes de que el ruido político se transformara en sordera institucional.

Pero como en el saencismo nadie se queda sin trabajo (ellos) ya preparan el desembarco de Villada en el “aguantadero oficial”: la Casa de Salta.

Otro que tendría las horas contadas es Martín de los Ríos, el ministro de Producción y miembro del círculo íntimo del gobernador. Sus apariciones públicas, poncho al hombro, frases hechas y poca sustancia, hace tiempo dejaron de producir efecto.

En un contexto económico crítico, el perfil declamativo del ministro se volvió un lujo que la gestión ya no puede permitirse. Más aún cuando su cercanía familiar con el mandatario empieza a verse como un obstáculo para recomponer legitimidad.

El nombre que suena para desembarcar en Producción y Minería, desde diciembre, es el de Gustavo Carrizo, ex titular del IPV y senador suplente tras la salida de Emiliano Durand. Carrizo es un viejo conocido de la casa: disciplinado, funcional y sin demasiada personalidad política propia. Justo el tipo de figura que Sáenz suele elegir para garantizar obediencia y previsibilidad en un gabinete que necesita sostenerse, aunque sea con alfileres, hasta que amaine la tormenta.

El recambio que se cocina no responde a una autocrítica profunda ni a una renovación real del proyecto político. El gobernador puede cambiar figuritas, pero mientras sostenga el mismo álbum, el desgaste seguirá siendo el mismo.

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