El gobernador se alinea cada vez más con la Rosada, pero en Salta se profundiza el abandono: ajuste en salud y educación, rutas destruidas, comercios que cierran y empleo en retroceso. ¿Quién gana con esta alianza?
La entrega total de Gustavo Sáenz a Javier Milei se defiende en los discursos, en las fotos y en los votos en el Congreso. Pero lejos de los micrófonos, en la vida real de los salteños, los beneficios brillan por su ausencia. La pregunta incómoda empieza a colarse en la calle, en los hospitales, en los conductores cuando circulan por las rutas destrozadas y en las universidades desfinanciadas: ¿para qué sirve ese alineamiento si la provincia está cada vez peor?
Las rutas nacionales son el ejemplo más visible del abandono. La 34, arteria clave para el norte salteño, sigue intransitable pese a un amparo judicial, presentado por el exsenador Sergio Leavy, que ordena su reparación. El Gobierno nacional se niega a arreglarla y el provincial mira para otro lado. Accidentes, demoras, riesgo permanente. Mucha motosierra discursiva y cero asfalto.
El ajuste también golpea de lleno en la salud pública. El propio ministro de Salud de la provincia admitió un recorte de 11 mil millones de pesos solo en Salta. Federico Mangione, fue aún más claro: “Nos tocó gestionar un 2025 muy complejo, con un recorte nacional brutal que incluyó el cese de envío de drogas oncológicas y la baja de planes de discapacidad que no estaban previstos en nuestro presupuesto”. Traducido: menos remedios, menos cobertura y más angustia para miles de familias.
En educación, el panorama no es mejor. Los fondos para las universidades fueron recortados y los legisladores saencistas acompañaron sin chistar la derogación de la ley de financiamiento universitario. Las escuelas técnicas, clave para la formación laboral, sufrirán este 2026 un recorte del 93 por ciento del presupuesto nacional. La motosierra no distingue futuro: arrasa con todo.
Mientras tanto, la economía real se desploma. Alrededor de mil comercios cerraron en la provincia por la caída estrepitosa del consumo. La desocupación avanza, los sueldos están congelados y la pobreza vuelve a crecer. Cada persiana baja es, al menos, un empleo menos y una familia más sin su sustento.
Entonces la pregunta se vuelve más filosa que nunca: ¿la alianza de Sáenz con Milei es a título personal? Porque en los hechos no hay una sola política concreta que mejore la vida de los salteños. La sumisión del gobernador a los caprichos del presidente no trae obras y no trae alivio. Apenas unas migajas en ATN que los salteños no ven. Solo se ve ajuste, recortes y un horizonte cada vez más angosto.
