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viernes, junio 5, 2026

Sáenz, el inesperado aliado: pide Ni Una Menos mientras desarma la política de género

El gobernador se sumó a la consigna con tono institucional, pero su gestión viene de recortar, degradar y vaciar áreas clave.

Gustavo Sáenz pidió #NiUnaMenos. Lo hizo en redes, en el tono correcto, con las palabras adecuadas (que nadie se las cree). Un gesto que, en cualquier otra circunstancia, podría leerse como un acompañamiento institucional necesario. Pero en Salta, hoy, suena más a oportunismo que a compromiso. Más a oportunismo que a convicción.

Porque mientras el gobernador se pronuncia contra la violencia de género, su propia gestión avanzó en sentido contrario. En los últimos meses, la Secretaría de las Mujeres, Géneros y Diversidad fue degradada a Subsecretaría. No fue un cambio semántico: implica menos presupuesto, menos capacidad de acción y un claro corrimiento en la agenda, llevando menos Estado donde más se lo necesita.

Pero el ajuste no terminó ahí. También se intentó quitarle autonomía al Observatorio de Violencia contra las Mujeres, una herramienta clave para producir datos, medir la realidad y diseñar políticas públicas. La avanzada incluyó la intención de que sus directoras no cobren por su trabajo. Un detalle que, lejos de ser administrativo, deja ver el fondo: vaciar el organismo para evitar que incomode. Sin datos, no hay diagnóstico y sin diagnóstico, no hay política.

Como si eso no fuera suficiente, el Ejecutivo nunca designó a su representante en el Observatorio. Una silla vacía que dice mucho más que cualquier comunicado. La omisión no es menor, expone desinterés y la decisión política de correrse de un espacio incómodo.

La desidia también se expresó en los tiempos. Tras la salida de Itatí Carrique, el Gobierno demoró casi seis meses en nombrar a una nueva responsable del área. Cuando finalmente lo hizo, eligió a Julieta Valencia, una figura sin trayectoria en la agenda de género. Su presentación pública, con un video desde la cocina de su casa para el Día de la Mujer, no pasó desapercibida. No tanto por la forma, sino por el mensaje implícito.

En ese contexto, el “Ni Una Menos” de Sáenz no solo suena vacío: resulta funcional a una lógica donde el oportunismo y el cinismo toman protagonismo. Sáenz es el principal responsable de garantizar políticas que prevengan la violencia contra las mujeres es el propio gobernador. En vez de accionar, Sáenz prefiere publicar en redes sociales.

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