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jueves, mayo 21, 2026

Salta sin gas, sin rutas y con un gobernador que da pena

«Me encanta ser intenso”, dijo Sáenz antes de ponerse a bailar samba en medio del anuncio de un vuelo internacional con Brasil. Fue un espectaculo grotesco, tal como nos tiene acostumbrados.

Cada vez que «botita» entra en modo cantante, bailarín o seductor de señoras de barrio, algo huele raro. Suele usar ese vil recurso cuando busca marcar en las encuestas o necesita distraer. Conoce perfectamente el mecanismo de manipulación que le sirvió de manera efectiva en sus comienzos.

Y nuevamente hizo gala de ese don, moviendo sus caderas frente a bailarines y cámaras, aunque esta vez dio verguenza ajena. Sobre todo por el complejo contexto, no solo para el turismo sino tambien para todos los salteños que hacen piruetas para vivir.

Antes hacía tal vez un personaje simpático. El político canchero que cantaba en los actos y se mostraba como uno más. Hoy resulta patetico. Porque mientras él baila, sus diputados levantan la mano para acompañar recortes, quita de subsidios y medidas que revientan todavía más una provincia devastada.

Salta tiene departamentos donde conseguir un turno médico parece un milagro. La Ruta 9/34 sigue siendo una trampa mortal interminable. Hay problemas energéticos constantes. En el norte la salud pública directamente sobrevive como puede. Pero el gobernador aparece bailando o en el cerro colocando una placa para los Benavides.

Desde luego que bailar no le quita capacidad de gestión. El problema es que la gestión no aparece. Una cosa es un gobernador que se permite un momento distendido después de ofrecer soluciones. Otra muy distinta es un mandatario que usa el show permanente para tapar el deterioro cotidiano.

Sáenz hace tiempo entendió algo: debe cantar, otro día bailar, otro hacerse el gracioso mientras en paralelo sigue rosqueando en Buenos Aires con operadores judiciales, moviéndose entre Servini, Lijo y los pasillos donde realmente se cocina el poder.

Frivolidad para los salteños que dice tanto querer y gestión para sus intereses personales bien adulto y serio.

Hoy por hoy nadie le marca el límite, hace lo que quiere con absoluta impunidad, acompañado por un ejército de asesores, funcionarios y dirigentes orbitando alrededor suyo, pero todos se rién y aplauden. ¿Alguien le puede decir?

Porque incluso canta mal y baila peor. Pero eso sería anecdótico si gobernara bien. El problema es otro: que mientras arma escenas para relleno, Salta sigue acumulando problemas estructurales que nadie resuelve.

Entonces ya no alcanza con el carisma. Y ahí es donde aparece el costado más peligroso de Sáenz: su enorme capacidad para manipular mientras por abajo avanza otra cosa: acomoda fichas judiciales, negocia poder nacional y manda a su tropa legislativa a sostener medidas que golpean de lleno a los mismos salteños que después dice defender.

Ese doble juego está a la vista. Con 60% de pobreza, la provincia no necesita bufones con banda y bastón. Necesita un gobernador.

Por Enrique Briones 

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