Mientras en Santiago del Estero anunciaron $2,4 millones de bono para sus estatales, en Salta el Gobierno de Gustavo Sáenz anunció el calendario de pagos como si poner una fecha alcanzara para llenar la heladera.
Anunciar cuándo se abona unas migajas no es lo mismo que pagar un salario digno. El calendario no compra alimentos, no paga el alquiler, no cubre los medicamentos ni les devuelve la tranquilidad a las familias que llegan a fin de mes haciendo cuentas para ver qué necesidad dejan sin atender.
Pero en Salta parece que hay que conformarse con eso: saber cuándo llega un sueldo que, para demasiados trabajadores, se termina mucho antes del 20.
¿Sáenz cree que los estatales salteños pueden aguantar indefinidamente con salarios que no alcanzan para vivir? Por supuesto que no, pero no le importa mejorar la vida de los salteños.
La diferencia entre Santiago y Salta no se mide solamente en pesos. Se mide en prioridades políticas. Un bono de $2,4 millones pone sobre la mesa una decisión concreta del gobierno santiagueño. En Salta, la discusión ni siquiera arranca por abrir las paritarias.
No hace falta disfrazar la realidad con comunicados ni maquillar la angustia con fechas. Cuando el salario no alcanza, la realidad habla por sí sola.
Sáenz debería responder qué hace con los fondos discrecionales que recibe de Nación, porque ni en obras, ni en sueldos, ni en nada se lo ve. Los que están más cerca suyo admiten que sí se ve cómo estaría comprando inmuebles bajo diversas maniobras.
A esta altura pedirle sensibilidad a «botita» es al vicio, le toma el pelo a los empleado anunciando con bombos y platillos un calendario. Y si quiere tener un poco de dignidad debería entender que gobernar no es decirle a la gente cuándo cobra: es hacer algo para que, cuando cobre, pueda vivir, al menos hasta fin de mes.
