La crecida del río Bermejo golpeó otra vez al norte salteño. En Rivadavia Banda Sur, el agua avanzó sin pedir permiso, obligó a evacuaciones desesperadas y dejó al descubierto una emergencia tan repetida como ignorada.
El río Bermejo volvió a hacer lo que viene haciendo desde hace décadas: desbordar. Esta vez, el impacto fue brutal en distintas zonas de Rivadavia Banda Sur, particularmente en parajes cercanos a La Unión, donde el avance del agua anegó viviendas, caminos rurales y campos productivos, empujando a familias enteras a dejar sus hogares en medio del caos.
Las postales que llegaban ayer desde la zona son imágenes crudas: casas tapadas por el agua, animales intentando sobrevivir y vecinos caminando con el agua hasta el pecho. En el paraje El Totoral, el nivel superó el metro de altura y obligó a evacuaciones urgentes, en escenas cargadas de angustia, improvisación y miedo.
Allí, en la jornada del domingo, muchas familias tuvieron que salir a las apuradas, rescatando lo indispensable y trasladando a sus animales en canoas caseras, tablones o lo que hubiera a mano. No hubo tiempo para organizar nada: el agua avanzó más rápido que cualquier protocolo y volvió a dejar en evidencia que, cuando el Bermejo crece, cada familia queda librada a su suerte.
La emergencia también se extiende a sectores rurales como Finca Puesto El Medio, donde el desborde cubrió amplias extensiones de tierra y dejó viviendas completamente aisladas. Vecinos de la zona aseguran que casi toda el área baja quedó bajo el agua, con pérdidas materiales que todavía no pueden cuantificarse, pero que anticipan un golpe durísimo para quienes viven de lo poco que producen.
Frente al avance del río, las evacuaciones se realizaron gracias al esfuerzo conjunto de personal de Aguas de Salta y vecinos del pueblo, que una vez más tuvieron que organizarse entre ellos para asistir a los damnificados. Personas mayores, niños y animales fueron trasladados en condiciones extremadamente complejas, con caminos destruidos y una corriente que no dio respiro.
Desde el ámbito oficial confirmaron que se activaron dispositivos de asistencia municipal y provincial, con entrega de ayuda básica y acompañamiento a las familias evacuadas. Sin embargo, la emergencia está lejos de cerrarse. Mientras el Bermejo vuelve a desbordar, lo que queda en evidencia es lo de siempre: una tragedia anunciada, repetida y naturalizada, en una región donde el río avanza todos los años y el Estado llega siempre después.
