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lunes, mayo 4, 2026

Según Tailhade, Sáenz, Jalil y Barrionuevo empujan la intervención del PJ nacional

El diputado nacional denuncia una trama que mezcla festejos, jueces y poder para avanzar sobre el Partido Justicialista y sacar al kirchnerismo del medio.

El diputado nacional Rodolfo Tailhade agitó el avispero con una denuncia que huele a rosca vieja reciclada: en FM Infinito, aseguró que el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil y el eterno operador Luis Barrionuevo estarían empujando la intervención del Partido Justicialista a nivel nacional. El escenario no fue una cumbre formal ni una sede partidaria: fue un cumpleaños del mandatario salteño. Pero en la política argentina, los brindis suelen ser más productivos que las reuniones oficiales.

Según Tailhade, el encuentro tuvo como protagonista al juez federal Ariel Lijo. La versión que dejó correr el legislador es directa: los mandatarios habrían buscado que Lijo interceda ante la jueza electoral María Servini para allanar el camino hacia la intervención del PJ. Una jugada que, de concretarse, reconfiguraría el tablero peronista con bisturí judicial.

“Sáenz, Jalil y Barrionuevo están detrás de la intervención”, disparó sin rodeos Tailhade, apuntando a una alianza que mezcla gobernadores dialoguistas con operadores de larga data. En esa tríada, Barrionuevo aparece como el engranaje clave de una maquinaria que ya conoce el terreno: moverse entre tribunales, internas y sellos partidarios.

El diputado también tiró de archivo para reforzar su denuncia. Recordó que durante el gobierno de Mauricio Macri el PJ ya fue intervenido con una fórmula que incluyó al propio Barrionuevo como interventor. “Ahora quieren hacer lo mismo”, advirtió, sugiriendo que el libreto no cambió demasiado, solo los actores en escena y el contexto político.

En ese expediente que duerme en el despacho de Servini, el fiscal Ramiro González ya dejó una señal clara: dictaminó que corresponde la intervención. “La jueza lo tiene para resolver”, subrayó Tailhade, dejando flotando una sensación incómoda: que la definición puede no estar tan lejos y que, detrás de las formalidades judiciales, se mueve una política que nunca dejó de operar en las sombras.

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