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viernes, octubre 23, 2026

Usina cultural o demagogia proselitista | Los cursos que promueve una diputada

Recientemente se realizó en el salón de usos múltiples de la Usina Cultural, un curso de maquillaje organizado por la diputada oficialista Mónica Juárez y hoy tuvo lugar segundo dictado de una actividad realizada en un espacio estatal y público, con fines de actividades culturales.

Juárez, conocida por su proyecto de ley del día de la empanada, ahora promociona y difunde la técnica del “automaquillaje” valiéndose de un espacio público y estatal, en lugar de realizarlo en algún reducto privado, por tratarse precisamente de una acción particular, en la que principalmente persigue la exposición de su persona en procura de postularse en las próximas elecciones provinciales.

Más allá de la necesidad o la buena fe del público asistente, es claro que el curso no aporta los elementos necesarios para la generación de trabajo decente, un gran déficit en Salta.

A esto se le suma que el director de la Usina, Ramón Vivas, habilita espacios de la Usina Cultural, seguramente ante las presiones como las que Juárez se acostumbró a poner en práctica en la Cámara, mientras que a los artistas se les niega esos espacios.

Otro tanto le corresponde al subsecretario de Gestión Cultural, Miguel Dallacamina, el “eterno” sobreviviente a las distintas gestiones y sin dudas, la cabeza de todo este desatino, es el propio secretario de Cultura, Diego Ashur Mas, quien en su momento llegó hasta el extremo de justificar las severas irregularidades del exdirector de la Orquesta Sinfónica.

La actual gestión en Cultura, lejos de estimular el desarrollo de los artistas locales, los invita a participar del “Salón miseria”, tal como definieron los artistas visuales al Salón de las Artes, ante el paupérrimo premio ofrecido por la gestión de Ashur Mas.

La puerta que se le cierra a los artistas, la “gestión” cultural se la abre a una diputada de escasa labor parlamentaria, con el único fin de alinearse con el Grand Bourg, aunque nadie pueda certificar que Juárez haya acreditado su condición de diputada predilecta.

Esta misma gestión cultural sostiene el funcionamiento de la Escuela Oficial de Ballet en un lugar indigno e inseguro: el subsuelo de Mitre 23, con un cuerpo de docentes preparadores que hacen malabares para sostener una actividad que no logra desplegarse como debería.

Es importante tener en cuenta que los espacios culturales son salas demasiadas costosas para los artistas independientes, que deben alquilarla para realizar funcione. Actualmente el ciclo denominado “Jueves de Teatro” no logra dar respuestas a artistas emergentes, y está en duda su continuidad en 2025.

“Los artistas necesitan funcionarios no obsecuentes, que acompañen gestiones, con proyectos sostenibles, fondos acordes a la realidad. Una política cultural debe ser transversal, territorial y de articulación con criterios en bien del desarrollo de todos los que integran la cultura, el “auto maquillaje” nada tiene que ver con un espacio de los artistas”, indicó una artista a Opinorte.

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