Tras dos gestiones de Daniel Moreno siguen brillando por su ausencia servicios elementales para los vaquereños. Pero tranquilos, ahora tienen una calesita. Toda una metáfora: la gestión del intendente lleva años girando en círculos, sin avanzar un metro.
El acto fue desopilante: fotos, discursos, aplausos, selfies con los caballitos. Faltó nomás que alguien cortara la cinta con una espada láser. “Un momento único y esperado”, dijo Moreno, mientras los vecinos pensaban: sí, único… como conseguir agua corriente en Vaqueros.
El chiste se cuenta solo: Moreno inaugura una calesita mientras la gente se queja por los servicios básicos. Una postal de la política salteña: donde debería haber cloacas, hay caballitos; donde debería haber gestión, hay música de organito.
Lo tragicómico es que este mismo Moreno será senador. O sea, pasamos del caballito de calesita al caballo del Senado, ese que corre derecho a más privilegios. La calesita, al fin y al cabo, fue un buen entrenamiento: vueltas infinitas y la ilusión de que se avanza, cuando en realidad todo sigue igual.

Moreno no tiene problemas: en lugar de esconder sus limitaciones, las transforma en show. “¿No hice obras? Pero inauguré una calesita, ¿qué más quieren?” Y lo aplauden. Total, en la política local no gana el que gestiona, sino el que mejor sabe hacerse el distraído mientras sube al próximo caballito de turno.
Los vecinos ya lo entendieron: a falta de obras, tienen calesita. A falta de cloacas, tienen foto con el intendente. Y a falta de futuro, tienen un nuevo senador. Un drama para el pueblo, pero un negoción para Moreno, que pasa del caballito de plástico a un sillón tapizado, donde la única vuelta que va a dar es la de firmar dietas de más de seis ceros.
