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viernes, agosto 21, 2026

La pulsión del poder eterno | Ni reelecciones explícitas, ni encubiertas

Algunos gobernadores sueñan con que pueden ser eternos gobernantes. Con suerte, ya la Corte de Justicia de la Nación -desde 2013- estableció una jurisprudencia clarísima: no puede haber tensiones entre la autonomía provincial y la supremacía de la Constitución Nacional en materia de reelección indefinida de gobernadores. Toda reelección indefinida es ultrajar el principio republicano de la alternancia en el poder.

Por Rodolfo Ceballos (*)

 Son esos gobernadores dependientes de las Casas de Gobierno. Tienen la pulsión psicológica que los lleva a la conservación «eterna» del poder. Desarrollaron una identificación narcisista con el cargo: creen que, sin su figura, la provincia se derrumba. Están convencidos de que son insustituibles, que sus liderazgos son excepcionales, que la historia los necesita.

Esa narrativa de salvación es, en realidad, un mecanismo de defensa frente al miedo más humano: el miedo a la irrelevancia.

Suelen hacer ingenierías jurídicas y fuerzan consensos en nombre de la estabilidad y la falta de tiempo para continuar con un programa de gobierno. Muchos del espectro narcisístico del poder son abogados. No les interesa hacer mala praxis en la lectura de la jurisprudencia que dice que la alternancia es el corazón de la democracia, y la perpetuación es su enfermedad.

La Corte Suprema de Justicia rechazó la reelección indefinida de gobernadores por considerarla contraria al artículo 5° de la Constitución Nacional, que exige la alternancia y periodicidad de los mandatos como núcleo del sistema republicano.

Hay casos emblemáticos: el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, en 2013 con dos periodos consecutivos cumplidos, aspiraba a un tercer mandato. La Corte de la Nación lo frenó y cedió el cargo a su esposa, y regresó tras un intervalo. No lo objetó porque hubo una alternancia formal.

En 2019, en Río Negro (gobernador Alberto Weretilneck) y en La Rioja (gobernador Sergio Casas), se bloqueó la pulsión de poder de reelección consecutiva mediante interpretaciones constitucionales locales.

En 2023, en San Juan (Sergio Uñac) y Tucumán (Juan Manzur), la Corte de la Nación reafirmó la alternancia republicana, impidiendo candidaturas que prolongarían el poder.

En 2024, en Formosa (gobernador Gildo Insfrán), fue declarada inconstitucional la reelección indefinida, fijando el límite contra la perpetuidad.

La Corte de la Nación pasó de intervenir en casos puntuales a establecer un principio general: la alternancia en el poder en el gobierno republicano.

Por estas tierras

En las aspiraciones narcisistas del poder salteño, la reforma constitucional de 2021 introdujo límites a la reelección, pero con redacción ambigua. La libre interpretación de ese límite seguramente no será pacífica y puede llegar a la Corte de la Nación.

Los constitucionalistas apegados a la jurisprudencia de la Corte Suprema anticipan el criterio del máximo tribunal: se aplicará la jurisprudencia del fallo Insfrán (2024) que rechaza cualquier forma de reelección a perpetuidad, sea explícita o encubierta, por contrariar el espíritu republicano.

El paradigma republicanista del derecho constitucional debe lidiar con la psicología de los gobernadores insaciables de poder.

El paradigma republicanista del derecho constitucional debe lidiar con la psicología de los gobernadores insaciables de poder.

La aspiración es no irse nunca porque son incapaces de aceptar el vacío del poder luego de sentirse omnipotentes solo con la función pública.

No toleran que la política siga sin ellos, y entonces buscan prolongarse en otro turno y en otro… Confunden su biografía con la historia colectiva de sus provincias.

La pulsión psicológica aflora cuando el poder se vuelve un espejo narcisista; la democracia se reduce a un escenario privado. Y allí, lo que debería ser alternancia se convierte en dependencia, lo que debería ser pluralidad se transforma en clientelismo, y lo que debería ser república se degrada en feudo. La alternancia es la garantía de que el poder no se concentre en una sola persona.

El recordado presidente de los EEUU, George Washington, estableció la alternancia en el poder republicano por una decisión de no perpetuarse en la presidencia, a pesar de que tenía la popularidad y el respaldo para hacerlo. Fue hace 230 años, que la sabiduría de los grandes estadistas, como Washington, conocían la tentación narcisista que sufren algunas subjetividades en el ejercicio del poder. No eligen la moderación y ni el respeto institucional.

El “discurso de despedida” de Washington es un texto fundacional, leído cada año en el Senado de EEUU, porque marcó la pauta de que el liderazgo debía ser transitorio y no personalista. La grandeza de un líder también está en saber retirarse. Su gesto fue político, ejemplar, demostrativo de su psicología del desprendimiento: un líder que supo vencer la tentación de eternizarse para que el poder -que viene del pueblo- no se confunda con su biografía.

Entonces, ¿qué es más fuerte en el país, en Salta, la pulsión psicológica de los líderes que no quieren soltar, o la capacidad institucional de decirles basta?

 

(*) Periodista especializado en temas psicosociales y en salud mental.

 

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