La pandemia ha vuelto a poner en el tapete una serie de problemas históricos del campo cultural salteño. Para aquellos artistas que no pueden trabajar y se quedaron sin un sustento económico, el panorama es crítico. El interior, por su parte, sufre más aún los efectos del parate. Los privilegios para algunos artistas, es un rasgo de la cultura heredada del gobierno urtubeycista, la cual, la actual gestión del área debe tener la firmeza para cambiarla.
En los últimos días, ha podido verse por medio de varios artistas locales una campaña que cuestiona la gestión de la Secretaría de Cultura por la situación real y compleja que atraviesan los artistas durante la pandemia. Nadie puede desconocer que han sido uno de los sectores más afectados, y que es necesario que se acuerde un piso de prioridades, para que puedan desenvolver su actividad paulatinamente.
Aunque, ante un escenario inédito, resulta complejo proyectar cómo saldremos de la crisis y cómo serán las nuevas expresiones artísticas y las formas que adquirirá la cultura post pandemia.
Lo que sí se puede de antemano saber es que mientras los recursos fiscales sigan distribuidos como hasta ahora, entregando una mínima porción al sector cultural, y para peor esa miseria distribuida arbitrariamente, las esperanzas no estarán en el horizonte próximo.
Frente a este panorama, un grupo de artistas encabezado por la comediante La Quipi y el diputado Héctor Chiban propusieron la discusión de una Ley de Emergencia Cultural. Naturalmente fue bien tomada la iniciativa por el mundo de la cultura, sin embargo, como es sabido, los tiempos parlamentarios tienen una dinámica que no se corresponden a las urgencias del momento.
El relato selectivo en el cual las críticas se centran en problemas personales dejan de lado la magnitud del asunto y pierden la cordura a la hora de la discusión. La visión crítica de una política cultural nunca puede quedar reducida a una cuestión individual. De hecho, deben partir de un cuadro de situación donde las responsabilidades de gobierno dependen, en tiempos de pandemia, en el COE, que se encarga de la administración de la cuestión pública.
De un lado, las responsabilidades y asuntos domésticos diarios y del otro lado la herencia U y la conspiración que apunta a algo más que una “crítica constructiva”. “Hay una animosidad manejada por alguien contra la secretaria de Cultura”, opinó Daniel Sosa, uno de representantes de ADEMUSA, asociación que nuclea artistas de todas las localidades del interior, en diálogo con nuestro sitio web.
Según su opinión Sabrina Sansone es parte de un grupo de jóvenes que al contrario de quienes la han precedido en la gestión urtubeycista, se ha prestado para escuchar a todos los sectores, en particular a los de localidades del interior, que hace tiempo no eran tenidos en cuenta.

El cantante David Leiva, en cambio, aportó a desacreditar a la gestión y contó una verdad a medias. De manera para nada inocente dijo que a algunos artistas le cobraron para usar la Usina Cultural. Lo que no dijo es, que es cierto eso, pero, con la salvedad de que es para eventos de gestión privada y extranjera, como fue el caso de Gabriel Morales, a quien se le negó el uso de la sala pues su fin era concretar un contrato privado con una empresa mexicana, que le abona en dólares.
De hecho, uno de los elementos clave bajo los que trabaja la actual gestión es el desarrollo de bandas y artistas emergentes en La Usina Cultural, donde se les brinda un espacio gratuito para que puedan realizar sus recitales y muestras, ahora en formato digital, pero que continuarían cuando la cuarentena se flexibilice.
“Un grupo privilegiado podía acceder y no las bandas y artistas emergentes como ahora”, es el sentido común entre los músicos de nuevas tendencias. El sector audiovisual, por su parte, no se encuentra entre los pedidos más radicalizados; en el marco de la pandemia, ya han contado con un beneficio, que consiste en la exención del pago de Ingresos Brutos, con el que otros sectores de industrias culturales ya contaban. También se le ha permitido que se pueda volver a la actividad respetando los protocolos.
Sosa de ADEMUSA consideró que la carencia del momento es que se están viendo mezquindades y uso político de manera oportunista. “Hay artistas que a raíz del protagonismo que perdieron en el armado de los festivales gubernamentales, donde había una serie de grupos y cantantes que siempre terminaban favorecidos, como Gabriel Morales, Sergio Galleguillo o David Leiva, no quieren perder ese privilegio”, dijo.
Como quedó dicho, el escenario actual plantea una complejidad que no solo depende de la Secretaría de Cultura, sino de los fondos que Nación destine para programas concretos. No obstante, ni todo se desmorona ni todo esta perfecto. Resulta imprescindible mirar nuestras potencialidades pero así también los limites que tenemos.
Estamos ante una oportunidad y no merece tanto desprecio la cultura de la cual todos somos parte.
Por Juliana Wermut
