En momentos que un procedimiento administrativo regular como el de las titularizaciones docentes, sorprende por su injustificada desorganización, el Gobierno Educativo de Salta enfrenta otro aplazo: el drama de la deserción que impacta en el desarrollo humano y acentúa la pobreza en una provincia en la que cada vez menos estudiantes terminan el secundario.
Tras una espera de tres años las estadísticas escolares oficiales finalmente se conocieron y describen una sombría realidad que amerita acciones certeras y urgentes. Veamos algunos números:
El nivel inicial en el año 2019 tenía 53243 alumnos, en 2022 49388, lo que implica que la matrícula bajó en una cantidad de 3855 alumnos. Mientras que en el nivel primario en 2019 presentaba una matrícula de 186.065 y se incrementó a 190.371 sumando un total de 4306 alumnos.

En el secundario orientado en 2019 se encontraban 99.395 alumnos mientras que en 2022 98.776 marcando una disminución de 619 alumnos; en Secundario Técnico durante 2019 se encontraban 27.971 alumnos mientras que en 2022, llegó a 29322 sumando así 1351 alumnos.
El nivel Superior en 2019 poseía una matrícula de 48.838 y en 2022 45.885 descendiendo en 2953 alumnos.
Hasta aquí los números que se presentan en el informe, ahora bien ¿cuántos de nuestros salteños que inician el nivel primario llegan a un secundario ya sea orientado o técnico, o a un nivel superior?
Durante el año 2019 la diferencia entre los alumnos de primario (186.065) y los de secundario (127.366) era de 58.699 alumnos; y la de primario (186.065) y superior (48.838) era de 137.227 alumnos.
Esta proyección nos demuestra que si bien iniciaba un primario un número considerable de estudiantes al nivel secundario alcanzaría un 68.45% y al nivel superior sólo llegaría un 26.25%.

En el año 2022 la diferencia entre los alumnos de primario (190.371) y secundario (128.098) fue de 62.273 alumnos; y primario (190.371) y superior (45.885) fue de 144.486 alumnos.
La última proyección implica que de los estudiantes del nivel primario el 67.29% llegaría al nivel secundario y al nivel superior sólo un 24.10%.
Las cifras son alarmantes, teniendo en cuenta que en pandemia se solicitó desde el Gobierno nacional a las provincias, que se dé la continuidad a los alumnos, y si observamos la diferencia anteriormente expuesta, es evidente que esto, jamás sucedió en Salta.

Sabiendo esto, y viendo que el alumnado que retorna en la educación de jóvenes y adultos (tanto en primaria como en secundaria) es ínfimo, se refuerza el cuestionamiento al criterio del Ministerio de Educación por cerrar ofertas educativas de nivel superior e intenta armar pluricursos en el nivel secundario. Ante un diagnóstico como el que revelan las estadísticas, correspondería incrementar la oferta y trabajar para que los planes nacionales funcionen, de tal manera, que más salteños accedan al derecho de una educación de calidad.
Titularizaciones y ausencia de un plan
Febrero estuvo signado por las irregularidades en el proceso de titularizaciones, en los que se denuncia el “amiguismo” y la falta de un criterio objetivo para un procedimiento transparente y elemental como priorizar a quienes tienen título profesional.
Esta situación empaño un gran logro como el de las titularizaciones anuales, y los concursos frecuentes en los cargos directivos, sin embargo, el empeño no puede reducirse a dar solución a los problemas personales que los dirigentes sindicales plantean como moneda de cambio, al igual que algunos delegados autoconvocados.
Hay quienes afirman que por estos mecanismos distorsivos tanto en la dirigencia docente como en el ministerio, es lo que permitió desalentar que haya paros. Necesitamos que formulen hacia donde apunta su política en educación, la proyecten, la especifiquen, y la pongan en práctica, algo que en estos tres años de gestión, no se vio y continuó perjudicando a miles de salteños.
