Se conoce que la oposición cuenta con los números para hacer cambios en particular. Desde Casa Rosada ya se dice que ningún capítulo es de vida o muerte.
Tras el dictamen, en la Cámara de Diputados creen que se aprobará la ley ómnibus la próxima semana, pero que caerá en el Senado. La Cámara alta nunca trató la ley ni en comisión porque no pasó el filtro de Diputados. Ese terreno es mucho más complejo para el gobierno que encabeza Javier Milei, como quedó demostrado con el DNU que cayó por amplia mayoría.
«Están decididos a destruir la ley», dijeron operadores con bancas en los dos recintos, asegurando que los senadores se quieren cobrar los insultos incesantes de Milei, que los calificó de “ratas” tras el aumento en la dieta.
El camino no es más fácil en Diputados. Si bien asoman los números de la mayoría para la votación en general, que ya se habían conseguido el 2 de febrero en la primera versión de la ley, la votación en particular puede sufrir rechazos que abran una dinámica en el recinto difícil de controlar.
Tal como ocurrió con la privatización del Banco Nación, retirada de la ley en las últimas horas, capítulos como el de lavado pueden sufrir cambios en el recinto, más allá de los acuerdos con los que llega el oficialismo al día de la votación.
Quien debe tener la muñeca para negociar es el presidente de la Cámara, ayudado por sus operadores de recinto. Cuando Emilio Monzó era titular de Diputados, su operador era Nicolás Massot. Sergio Massa tenía a Cecilia Moreau y Paula Penacca. Los operadores de recinto son los que recorren las bancas durante la sesión para evitar sorpresas.
El Gobierno, sin embargo, encuentra dificultades en ese aspecto ya que no tiene operadores de recinto, con un bloque balcanizado tras la salida de Oscar Zago. En especial, Martín Menem no demostró la experiencia para manejar la sesión cuando se la complican.
Así las cosas, los números que tiene el gobierno en Diputados anticipan que la votación en particular se va a complicar. La oposición podría juntar 126 diputados, que no alcanzan para dar quórum, pero sí para voltear artículos o la ley entera una vez que comienza la sesión. A ese número llegan con los 99 diputados de Unión por la Patria, más 5 de izquierda, 2 santacruceños, 11 radicales de Facundo Manes y Emiliano Yacobitti, y hasta 11 del bloque de Miguel Pichetto.
La bancada de Pichetto puede ir mutando en cantidad de votos negativos de acuerdo a cada artículo en particular. Los dos socialistas, Esteban Paulón y Mónica Fein, están muy enfrentados al Gobierno. Juan Brugge y Natalia de la Sota responden a Massa. Los seis lilitos no quieren votar las facultades delegadas y Margarita Stolbizer firmó un dictamen aparte con los socialistas.
Además, se suman 8 diputados de Innovación Federal que buscarán introducir el capítulo del tabaco que el Gobierno quitó de la ley. «Si no lo logran quizás hagan una maldad», explicaron fuentes parlamentarias.
Como si no bastara con lo fino del cálculo, el Gobierno, que dejó como interlocutor al vicejefe de gabinete, José Rolandi, no reclama ningún punto como indispensable.
«La ley es un monstruo sin cabeza que va caminando por el Congreso», dicen los diputados que la quieren votar para sacársela de encima. El clima es de hastío por el proceso de cuatro meses que se tornó insoportable.
La bronca de los diputados no es sólo con la Rosada sino también con los gobernadores: creen que se borraron y no dieron la cara en las últimas semanas previas al tratamiento de la ley. El bloque libertario, en tanto, ni participa de las reuniones en las que se negocian los pedazos de la ley.
Con información de LPO
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