La “libertad” prometida se traduce en tijeretazos que golpean la vida cotidiana de los salteños: desde la comida de las mineras que ahora llega de Estados Unidos hasta trenes con menos frecuencias y rutas cada vez más mortales.
La motosierra de Javier Milei, que en Buenos Aires suena como un discurso contra la “casta”, en Salta se siente en la mesa, en el transporte y en los bolsillos. Las promesas de libertad económica se convirtieron en un desguace silencioso que ya afecta la vida cotidiana de los salteños.
Un ejemplo concreto, entre muchos otros, es la derogación del “Compre argentino” incluida en la Ley Bases. En Salta, hasta hace unos meses, empresas locales abastecían de catering a los gigantes mineros del litio. Hoy, los almuerzos de los obreros llegan envasados desde Estados Unidos. Las pymes salteñas que antes proveían alimentos frescos, transporte y logística de a poco quedan fuera del negocio, mientras el dinero de la minería vuela directamente al exterior. «Así no nos sirve la minería», dijo el senador Leopoldo Salva.
El transporte tampoco se salva de la motosierra. Desde el 4 de agosto, el tren que une Güemes, Salta y Campo Quijano pasó de dos frecuencias diarias a una sola. Cientos de usuarios que lo usaban para trabajar o estudiar quedaron a la deriva, obligados a pagar colectivos más caros o a resignarse a perder horas de viaje.
A la par, las rutas nacionales que cruzan la provincia -como la 9/34 o la 51- parecen campos minados. Sin mantenimiento ni inversión en seguridad vial, los accidentes se multiplican. Mientras tanto, la Nación avanza con la licitación para concesionar 4.400 kilómetros de rutas estratégicas, ninguna en Salta. La motosierra, otra vez, corta lejos de la Casa Rosada pero cerca de los salteños.
La poda llega también al turismo. Con menos promoción nacional e internacional, la ocupación hotelera se desplomó un 50% respecto al año pasado. Hoteles familiares y cabañas de los Valles Calchaquíes ven habitaciones vacías en pleno invierno, un escenario impensado hace apenas dos temporadas.
Por último, la reducción de subsidios al transporte golpea directamente el bolsillo: los boletos urbanos subieron sin freno y el boleto interurbano se transformó en un lujo. Para muchos trabajadores, llegar al trabajo ahora significa gastar lo mismo que en alimentos básicos.
La motosierra de Milei no es un concepto abstracto ni un meme de campaña. Es la ausencia de un tren, la curva rota de una ruta, el menú importado que reemplazó a la empanada local y el hotel que cierra porque hay pocos turistas. En Salta, la libertad prometida huele a recesión.
