La última actividad oficial de la comisión de Libertad de Expresión fue en septiembre de 2024. La libertaria salteña se niega a ir a trabajar. Doble vara y complicidad con los ataques del oficialismo a la prensa crítica.
La diputada salteña de La Libertad Avanza, Emilia Orozco, lleva poco más de un año con la Comisión de Libertad de Expresión cerrada, sin actividad, sin reuniones, sin siquiera una convocatoria mínima para discutir el rol del periodismo en democracia. La paradoja es tan grosera como evidente: al frente de la comisión que debería velar por la protección del derecho a informar y ser informado, Orozco se convierte en garante del silencio.
Los libertarios hablan de trabajo, pero no lo hacen. Hablan de “casta”, pero Orozco ya saltó de su cargo de diputada, le quedan todavía dos años de mandato, para candidatearse como senadora nacional. La coherencia nunca fue el fuerte de esta fuerza política, que con facilidad acusa a los demás de lo que practica en carne propia.
El problema, sin embargo, va más allá de la inacción. Al no abrir la comisión, Orozco se vuelve cómplice directa de los ataques sistemáticos que el presidente Milei, su gabinete y su ejército de trolls lanzan día a día contra los medios críticos. No es desidia: es alineamiento político. El silencio, en este caso, también es un mensaje.
Lo grave es que Orozco no solo calla, también agrede. Ya insultó públicamente a dos periodistas salteños, sumándose a la estrategia libertaria de hostigamiento a la prensa. La presidenta de la Comisión de Libertad de Expresión, lejos de defender a los comunicadores, se coloca del lado de quienes los atacan.
La diputada encarna, en realidad, la peor de las prácticas de la política tradicional: usar los cargos como trampolín electoral mientras incumple las responsabilidades que asumió. Y en este caso, esa irresponsabilidad tiene un costo altísimo: deja desprotegida la libertad de expresión, uno de los pilares más básicos de la democracia.
