En la política salteña siempre hay premios. Algunos por lealtad otros los premios por apellido. El gobernador Gustavo Sáenz firmó el Decreto 130 y designó a Juan Carlos Villamayor como nuevo delegado de la Casa de Salta en Capital Federal. El cargo no es menor: tiene sueldo de ministro.
Un puesto que en teoría debería servir para algo bastante concreto: ayudar a los salteños que llegan a Buenos Aires por trámites, tratamientos médicos o gestiones. Un lugar para articular, resolver y acompañar. Algo que seguro no pasará.
La designación tiene un detalle imposible de pasar por alto: Villamayor es hermano de la diputada oficialista Socorro Villamayor y del ex jefe comunal denunciado por corrupción.
En otras palabras: premio familiar. La Casa de Salta es un destino cómodo dentro del organigrama político. No hay barrios que recorrer, no hay sesiones incómodas, no hay vecinos golpeando la puerta todos los días.
Solo oficina, café y sueldo en la capital del país. Y el ex secretario de Adultos Mayores, que pasó sin pena ni gloria por ese puesto, parece encajar perfecto en ese formato. No habla, no aparece, no propone. En muchos hogares salteños directamente ni saben quién es. No articula, no gestiona, no pisa territorio.
Está… pero no está. Un holograma administrativo con rango de ministro.
En la política local nadie cree demasiado en las casualidades. Mientras Socorro Villamayor se mueve en la Legislatura defendiendo cada decisión del gobierno, su hermano aterriza en un cargo cómodo en Buenos Aires con sueldo ministerial. La familia agradece.
Porque inútil no significa inocente. A veces la función del cargo no es gestionar, sino ocupar el lugar correcto para que todo siga girando.
