Después del antecedente de la suspensión del servicio nocturno, las empresas vuelven a advertir sobre su situación financiera. “Hoy no tenemos liquidez para afrontar el combustible”, dijeron los empresarios. Ahora la fecha límite es el 15 de septiembre.
La historia vuelve a poner a prueba al Gobierno de Gustavo Sáenz. Las empresas subconcesionarias de SAETA volvieron a advertir que la situación financiera del sistema es crítica y que, si no se regularizan los pagos pendientes, podrían reducir las frecuencias nocturnas después de las celebraciones del Milagro. Por ahora aseguran que el servicio está garantizado, pero ya hay una fecha que funciona como límite: el 15 de septiembre.
El escenario tiene un antecedente demasiado cercano como para ignorarlo. El año pasado, la discusión por los pagos terminó con la suspensión del servicio nocturno y obligó a SAETA y al Gobierno provincial a intervenir para intentar normalizar una prestación que afecta directamente la vida cotidiana de miles de salteños. Ahora el conflicto vuelve a aparecer, con los empresarios reclamando previsibilidad y advirtiendo que la falta de fondos comienza a comprometer incluso los gastos básicos para mantener los colectivos en la calle.
Edgardo García, referente de las empresas subconcesionarias, fue contundente al describir la situación: “Hoy no tenemos liquidez para afrontar el combustible”. Según explicó, el problema no se limita a una cuestión contable, porque tanto el combustible como los repuestos deben pagarse de contado. Cuando las empresas tienen que financiar esas compras, además, terminan pagando más caro. “Estamos hablando de un incremento de aproximadamente un 20% en el costo del combustible”, señaló en FM Infinito.
El número ayuda a dimensionar el problema. De acuerdo con García, una sola empresa puede necesitar alrededor de $500 millones por semana solamente para combustible. A eso se suman salarios, mantenimiento, repuestos y el resto de los costos operativos de un sistema que necesita que los colectivos sigan circulando todos los días, aun cuando los fondos no llegan con la misma velocidad.
El reclamo empresarial apunta especialmente a los pagos pendientes. Las empresas sostienen que todavía resta cobrar alrededor del 74% de las certificaciones correspondientes a julio y que el próximo 15 de septiembre vence también el período correspondiente a agosto. Más que un pedido puntual, García resumió la demanda en una palabra: “Estamos pidiendo previsibilidad”, dijo García.
SAETA, mientras tanto, reconoce las dificultades y asegura que está gestionando ante el Gobierno provincial una asistencia financiera extraordinaria para afrontar el déficit operativo del sistema. Al mismo tiempo, el organismo intimó a las empresas a garantizar la continuidad y regularidad del servicio y advirtió que no pueden realizar suspensiones o reducciones de manera unilateral.
La respuesta oficial tiene, así, una particularidad: por un lado reconoce que existen problemas financieros y que hace falta asistencia extraordinaria; por otro, les exige a las empresas que sigan prestando el servicio con normalidad. En el medio queda una pregunta bastante más incómoda: ¿quién pone los recursos para que esa normalidad sea posible?
El Gobierno de Sáenz ya conoce el final de esta película. Cuando las discusiones entre SAETA y las empresas llegan al punto en que el transporte deja de funcionar o comienza a perder frecuencias, el conflicto deja de ser una cuestión administrativa y pasa directamente a los usuarios. Son ellos quienes terminan esperando un colectivo que no llega, especialmente quienes dependen del servicio nocturno para trabajar, estudiar o regresar a sus casas.
Por eso, la nueva advertencia empresarial no debería ser tomada como una sorpresa. Hay una fecha, hay un reclamo concreto y hay un antecedente reciente. La diferencia estará en saber si esta vez el Gobierno decide intervenir antes de que el problema vuelva a convertirse en una crisis visible en las calles o si, como ocurrió anteriormente, esperará a que los colectivos sean los encargados de avisar que el sistema ya no da para más.
