Ciertos auto-percibidos periodistas suelen arrojar críticas generalizadas a “la política” intentando ocultar los intereses que lo mueven.
En su “análisis” político de hoy, Luis “Gordo”* Puló manifestó con ironía que descree que el cargo del embajador en Brasil Daniel Scioli en el Ministerio de Economía de la Nación sea “ad honorem”, es decir sin percibir remuneración a cambio de ello. Según Puló, “nadie” en el mundo de la política partidaria milita de forma gratuita.
Además, el presentador de títulos en el programa radial “Salta + IVA” sostuvo que la ciudadanía “aprendió a votar” al elegir al candidato de Juntos por el Cambio en la provincia de San Juan y, como contrapartida, dijo que el gobernador formoseño Gildo Insfrán es reelecto (con más del 70% de los votos) porque el 80% de la población depende del Estado.
Más allá del paupérrimo análisis de Puló, cuyo programa solamente puede ser audible gracias a la locutora que lo acompaña, se manifestaron dos verdades de acuerdo a su concepción de práctica política. La primera, que toda actividad tiene una retribución económica. La segunda, que hay una relación entre la preferencia política y el trabajo estatal.

Es lógico que el “Gordo” Puló entienda que la militancia política debe ser retribuida económicamente, pues sus opiniones varían de acuerdo con los fondos asignados desde el Gobierno a su entorno en concepto de pauta publicitaria. Ya en 2021 el programa “Salta + Iva” recibía $270.000. Si se lo actualiza por inflación, el segmento estaría percibiendo actualmente unos $810.000, una buena “paritaria” según dicen en el mundillo político-mediático.
También es lógico que el tío de Ramiro Goytia Puló, quien sería uno de los empleados de ANSES comprometidos en una causa judicial por presuntos delitos, sostenga que una persona elija a un representante político por la dependencia laboral. En su caso, se reflejaría en el paraguas protector de empresas como SAETA o REMSA en el tratamiento informativo.
En definitiva, las críticas que arroja Luis “Gordo” Pulo pueden interpretarse a la inversa, de forma tal que cualquier persona podría decir que el sostenimiento de su programa y las opiniones del mismo están atadas a los vaivenes de la política que tanto se encarga de denostar. Algo hay de cierto: con esos conchabos, seguramente que nada es ad honorem.
*NOTA: la utilización de la palabra «gordo» se debe a que la persona asume tal apodo, que difunde en sus perfiles de redes sociales. La nota en cuestión no alienta la «gordofobia».
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