«La imposición de este horario no colabora en la recuperaración», sostienen los gastronómicos. A eso se suma el miedo de la gente y la incertidumbre sobre la incierta vuelta del turismo.
Desde la semana pasada, y gracias a no contar con circulación comunitaria del virus, el gobierno de Salta ha permitido la reapertura de varios rubros comerciales, entre ellos bares y restaurantes bajo la condición de respetar los protocolos y solo hasta las 20 hs. Aplica tanto para cenar, como para tomarse una cerveza artesanal, por ejemplo.
Lo más discutible, sin duda fue el horario ya que, al menos en esta región, no se acostumbra ir a cenar. Y esto se comprobó cuando, pese a la apertura, hubo muy pocos salteños que optaron por cambiar el habito de la cena.
Tal como habían señalado los dueños de bares y restaurantes, la imposición de este horario, al contrario de lo que se esperaba, no colabora en recuperar los números en rojo con los que cuenta el sector, pues en Salta, y en Argentina en general, no solo no se cena tan temprano, o por caso, no se asiste a un bar durante la tarde para culminar a las ocho. De hecho, es ese el horario en que los trabajadores del área comercial están terminando sus jornadas.
Ya imaginando este escenario, donde la asistencia de salteños a este tipo de establecimientos no ha sido ni por asomo, la habitual, se está pidiendo la revisión de las medidas para poder extender el horario algunas horas más. La situación económica a atender es urgente: miles de familias salteñas viven de este tipo de actividades, tienen alquileres y otros servicios que pagar para seguir teniendo en pie sus negocios.
El horario comercial salteño es otro de los puntos que ha mostrado sus debilidades: por el horario cortado, los trabajadores deben movilizarse dos veces al día (con un transporte público que funciona con restricciones), en vez de priorizar el horario corrido, como ocurre en las grandes ciudades del país. Esta medida provocaría, además, menos concentración de personas, en un contexto donde todavía hay que respetar el distanciamiento social.
Teniendo en cuenta que por lo menos hasta septiembre no habrá vuelos, el Estado salteño debe, sin perder de vista el cuidado de la salud, brindar medidas que resulten favorecedoras para quienes padecen los vaivenes de la economía desde el inicio de la cuarentena, y no que, como sucede, obstaculicen o dificulten su desarrollo.
Anibal Roldan
