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viernes, octubre 2, 2026

CFK le entregó el PJ salteño a los que antes la acusaban de robarse “hasta las cenizas de los ceniceros”

Pablo Kosiner, mano derecha de Urtubey, quedó al frente del partido. La movida llega las críticas de Sáenz a Cristina. Anticipan una purga contra los diputados que votaron la reforma laboral pese a cuestionarla.

La conducción nacional del peronismo decidió que el nuevo orden en Salta lo encarne Pablo Kosiner, histórico operador del urtubeicismo y mano derecha del exgobernador Juan Manuel Urtubey. La designación lleva la firma política de Cristina Fernández de Kirchner, que intervino el distrito y terminó colocando al frente del PJ a un dirigente de un espacio que antes se enfrentó a CFK y se alió con Mauricio Macri.

El movimiento funciona también como respuesta a la bravuconada del gobernador Gustavo Sáenz, quien en medio del debate por la reforma laboral acusó a Cristina de “digitar todo con el dedo”. La frase envejeció mal: en la Cámara baja, los legisladores saencistas criticaron la iniciativa, pero igual la votaron afirmativamente, evidenciando que la obediencia a los acuerdos con la Casa Rosada pesó más que sus propias objeciones públicas.

En ese contexto, todo indica que el nuevo titular del PJ avanzará contra Pablo Outes y Yolanda Vega, quienes acompañaron la reforma. Son señalados como parte del esquema que facilitó la aprobación. La orden, según versiones partidarias, bajaría desde Buenos Aires y se replicaría en otras provincias con legisladores peronistas que votaron a favor o contribuyeron con el quórum.

La jugada también deja expuesto el balance de la intervención encabezada por Sergio Berni, que no logró recomponer la estructura ni evitar la fractura electoral del peronismo salteño. El PJ compitió dividido y perdió centralidad, mientras el oficialismo provincial consolidó su hegemonía.

Pero el dato más incómodo es histórico. Los mismos sectores que hoy pasan a administrar el sello partidario en Salta fueron, no hace tanto, aliados disciplinados de otros proyectos nacionales. Así como hoy algunos dirigentes locales acompañan sin fisuras a Javier Milei, en la década pasada el urtubeicismo enviaba a sus diputados, como el propio Pablo Kosiner entre ellos, a respaldar las leyes de Mauricio Macri en el Congreso.

El interrogante no es sólo qué ocurrirá con Outes y Vega, sino qué garantía de lealtad ofrece una conducción construida con dirigentes que ya cambiaron de vereda en el pasado.

El Partido Justicialista salteño vuelve así a su estado natural: un territorio donde las fronteras ideológicas son bastante flexibles y las lealtades son transitorias. El PJ de Salta es un partido con una historia plagada de traiciones, pero también llena de errores.

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