Germán Rallé habló en una entrevista reciente de peronismo, transparencia y democracia interna como si alguien no supiera quién es. Desde 1991 vive de la política, siempre pegado al poder, siempre obediente, siempre chupamedias profesional. Y el balance es sencillo: Güemes nunca creció. Nunca. Ni un despegue, ni una transformación, nada.
Si ese es su currículum, ¿qué pretende vender ahora?
“El que gana conduce y el resto acompaña”, dice, con tono solemne. Lo dice alguien que jamás condujo nada, salvo su propia capacidad para acomodarse. Habla de elecciones transparentes dentro de un PJ que ya no existe, vaciado, colonizado. Y él ahí, firme, acompañando.
Habla de transparencia mientras defiende un DNU de exámenes toxicológicos aplaudiendo como foca, después de haber frenado el debate en la Legislatura. Habla de autonomía política mientras no se le mueve un pelo en contradecir al gobernador.
Rallé no es ejemplo de peronismo, es supervivencia política. No es dirigente, es empleado del poder. Y no puede impostar lo que nunca fue: un tipo con convicciones propias.
Por Susana Del Frari
