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lunes, agosto 17, 2026

«Cortitos y al hueso» | Grandilocuencia sin hechos

Ayer el gobernador Gustavo Sáenz volvió a mostrar su faceta más patética en acto de asunción de sus nuevos funcionarios.

“Si algún día dejo el gobierno de Salta, me voy con la frente en alto, sabiendo que di hasta la última gota de mi sangre por los salteños. Ese será mi legado”, dijo, como quien pide consuelo.

Rogó a los salteños que no lo abandonen, aunque este año perdió dos elecciones. Con un tono lastimoso y gritando, como si eso pudiera tapar la gestión que no termina de arrancar, despidió a sus dos amigos: Martín (esposo de la hermana de su señora) y Ricardo, el payasito desmaquillado, que no hizo nada, pero seguirá cobrando del Estado.

Por fuera de lo grandilocuente y vacío, lo cierto es que el “gatito” Mimmesi sigue impoluto en Desarrollo Social, pese a las denuncias por desmanejos con la asistencia social. Nacho Jarsún, en tanto, ingresó como ministro de Gobierno y Justicia (nadie entiende qué puede hacer en Justicia) y aseguró que repartirá su tiempo entre dos cargos, toda una burla. No solo eso: pretende hacernos creer que cobrará un solo sueldo.

Y no hay que olvidarse de Oriana Névora, la abogada veleta que cuando era del PRO criticaba la gestión y ahora también está adentro del gobierno. También estuvo presente el ministro de Salud, que si algo le sobran son problemas y pocas soluciones.

Sáenz puede gritar, llorar y pedir aplausos de los salteños, pero la realidad sigue intacta:  con obras paradas, amigos cobrando sin trabajar y una provincia que aprende a reírse de sus propios gobernantes.

Por Susana Del Frari

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