Las superfluas declaraciones de los lideres políticos ante la crisis nacional aumentan el descreimiento del sector más lucido de la ciudadanía. No solo no dan respuestas a graves problemas como el desempleo, las deudas y la productividad sino que además derrochan dinero publico en construir su propia imagen. ¿No les llega el agua al tanque o se pasan de pícaros?
La crisis de los partidos tradicionales, ha cambiado el modo de ser de los líderes políticos. Más preocupados por adaptarse al momento que por ofrecer planteos concretos, los políticos se han dedicado a realizar declaraciones ambiguas y a construir su imagen de acuerdo a las recomendaciones de perversos publicistas, que se mueven con el manual de llevar adelante una propuesta que represente la antítesis de la política basada en programas e ideas.
Quizás haya sido Menem el pionero en eso. Cabe recordar que el riojano admitió que si decía lo que iba a hacer nadie lo votaba. Fue él mismo quien empezó hacer el ridículo en los medios con el fin de figurar, de ser un miembro más de la farándula, de entretener y ganarse el cariño de un público cínico, ávido de primicias, de nuevos escándalos, pero nunca de reflexiones.

Sin ir más lejos, el último acto de Alternativa Federal fue una muestra de ello: muchos figurones sin posibilidades de llegar al poder ni de parir una idea o un proyecto atractivo. Al parecer, lo único que importó era figurar; estar, mostrarse.
Un Duran Barba nos tildaría de ilusos por esperar otra cosa. El asesor del presidente, seguramente, nos llamaría también a aceptar, como en el budismo tan de moda, que las cosas son como son y que hoy la política se desenvuelve con los tiránicos métodos de los mass-media: la argumentación y el debate ceden su lugar a las mediciones de rating, a la imagen, al registro superficial de rostros por parte de la población.
Pragmáticos pero lentos, los peronistas salteños están entendiendo las manipulaciones del marketing político y se han lanzado en brazos de esa gran bestia. Juan Manuel Urtubey fue el que más compró el verso. Con su aspecto cuidado, sus disfraces de gaucho chic y su esposa actriz se colocó entre las principales figuras nacionales con un método despreciable. Su casamiento sin duda significó el maridaje de la política salteña con la farándula. A partir de allí no hay retorno y el jefe, con esta lógica, hambriento de popularidad mostro su ámbito familiar y las peripecias a veces melodramáticas de su vida personal, como el nacimiento de “Belita” o sus viajes a Tilcara con la actriz. Así también, al igual que Insaurralde con Jesica Cirio en su momento, participó en eventos, revistas del corazón y en los paradores top de la costa sin sonrojarse.
Sáenz ya tenía sus cosas, imitando a cantantes románticos para sus allegados (y hace poco para Massa) pero lo de Isa en revista Salvador definitivamente terminó llevo al extremo el ridículo. Disfrazándose de gladiador, de hombre de lucha y barro, cosechó las risas de la población pero también su atención, y eso quería. Lo ayudó también el elogio de un periodismo capitalino que siempre le fue fiel y servil, hasta cuando se le cayó una terminal o cuando destruyó la ciudad. “Miguel es así”, “Un tipo especial”, un inimputable personaje local sobre el que no pueden pesar criterios objetivos de juicio sino sólo afectivos. “O se lo ama o se lo odia”, pero nunca un balance de lo que hizo. Toda una particularidad de esta metodología de hacer política en la actualidad: dejar de lado la historia y presentar un perpetuo presente.
El personaje reemplaza al político y sino veamos a otro peso pesado como Santiago Godoy, que, cual niño, vio a Isa disfrazado y dijo “yo también quiero”: y como el dinero todo lo puede ya tiene su tapa en la misma revista y bajo un título agradable a su figura : “el gran jefe”. Godoy, un hombre que demagógicamente fuerza su salteñismo al estilo los nocheros en el programa de Susana, adhiere a la política vacía y por eso no tuvo problemas en impulsar a un candidato a intendente del mundo tropical local: David Leiva.

Pero su preferido no lo es por sus ideas para la ciudad y ni siquiera por su desempeño como concejal, el cual es nulo e insignificante, sino porque “mide bien”. Y recordemos que Leiva, a su vez, llegó a su cargo también porque la música le permitió “medir” ¿Tendremos un intendente cuyo antecedente es haber tenido exitosos temas chingui chingui? ¿Después de eso qué viene?
En definitiva, si uno ve la escasez de propuestas, puede pensar primero que a los políticos “no le llega el agua al tanque”. Pero bien vista la cosa, es menester decir que tienen la habilidad de convertir sus límites en ventajas y mostrarnos esta decadencia como un espectáculo atractivo, que nos divierta a todos, o por lo menos a los que hablan en nombre de “todos”.
“¿No es eso en definitiva lo que el pueblo busca?” nos retrucan sonrientes los que lucran con la decadencia de la política. Esperamos que no. Más allá de la superficie, la ciudadanía necesita una política que resuelva los enormes problemas históricos que padece la sociedad.
Por Alejandro Bustos para Opinorte

En medio de la nota sobre la frivolidad de los políticos, hay avisos sobre prostitución.