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domingo, agosto 30, 2026

Después del tiroteo en la escuela: miedo y tristeza

El año pasado el tirador de la escuela de San Cristóbal (Santa Fe), fue declarado el mejor compañero del año. Pero la vida da sorpresas. G.C., de 15 años, es hoy un protagonista notorio del régimen penal juvenil. En sus redes exhibía masacres escolares.                                                                               

Por Rodolfo Ceballos (*)

El adolescente se convirtió en ícono del infortunio social en la vida de muchos estudiantes. Estos, cuando vuelvan a clases, seguirán con miedo y tristeza. Lo ocurrido les creó una mezcla emocional muy densa en una etapa de sus vidas que busca madurar sin traumas.

G.C. pudo matar, también reírse, inclusive, de su propio tiroteo y exacerbar en todas partes las opiniones, los detalles y las críticas a su crianza familiar. A los argentinos les atrajo la sintomática anomia familiar del chico; en consecuencia, aún muchos no pueden dejar pronunciar la última palabra. Siguen haciendo psicologismos, lanzando consignas contra el malestar en la educación, consejos varios y hasta visiones pesimistas de la decadencia de la escuela como lugar seguro para las infancias.

La Sociedad Argentina de Pediatría, voz tan autorizada, opinó que “Las manifestaciones graves de salud mental infantojuvenil (…) interpelan a toda la sociedad y exigen redoblar los esfuerzos en prevención, detección temprana y acompañamiento”.

Las múltiples reacciones de los profesionales de varias especialidades, atónitos, le dieron la categoría de emergencia al hecho de violencia escolar extrema en Santa Fe.

El adolescente está identificado y familiarizado con las masacres escolares ocurridas en el mundo. Las exhibía en sus redes, lo que hizo que dejara rastros digitales a la policía que le expurga ahora su vida privada.

En el último tiempo que gozó de libertad, lo gastó en hacer una antología digital de contenidos violentos y enigmáticos referidos a temas necrófilos. ¡Qué hobby escabroso!

G.C., el mejor compañero de la escuela de San Cristóbal, dejó atónitos a los mismos que lo eligieron por ser en todo un buen muchacho.

El adolescente está identificado y familiarizado con las masacres escolares ocurridas en el mundo. Las exhibía en sus redes, lo que hizo que dejara rastros digitales a la policía que le expurga ahora su vida privada.

Su coherencia fatal, vista a la luz del brutal ataque, es una ruta desquiciada. Pasó de los posteos truculentos, en casa, a la acción de matar. Un ser dividido: durante las clases, hasta el día anterior del crimen, no molestó a nadie; horas después, cazaba a los caminantes de los pasillos de su escuela, en esa mañana de muerte.

En la justicia, el equipo jurídico, sociopedagógico y psicológico, dispuesto para el chico, busca cumplir con la socialización que la ley intenta en estos casos. Ya está orientado. El adolescente pertenece al grupo agresivo que puede poner en riesgo grave el vínculo con los demás. Los expertos comparten que debe ser tratado temporalmente en una institución de salud mental.

Su coherencia fatal, vista a la luz del brutal ataque, es una ruta desquiciada. Pasó de los posteos truculentos, en casa, a la acción de matar.

En otro escenario, en el trabajo criminalístico, las evidencias se van acumulando. Se secuestró CPU, alguno que otro pendrive, un pasamontañas y una remera con la leyenda “WRATH” o “ira”, en inglés. Son los símbolos vinculados, en 1999, a los asesinos de la escuela de Columbine, Colorado. El saldo de sus desordenes mentales costó la muerte de doce estudiantes.

En la institución, aún traumatizada por el ataque de G.C., los responsables aseguran a la prensa que los docentes no recibieron notificación alguna en torno de un sufrimiento psíquico del alumno ni sobre una crisis familiar por la separación de sus padres. Tampoco tuvieron información de autolesiones o problemas de salud mental; esa desresponsabilización convierte la lección aprendida por la conducción de la escuela de San Cristóbal en una narrativa pobre.

 

 (*) Periodista, especializado en temas psicosociales y de salud mental.

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