El intendente de Tartagal salió del país el 23 de agosto y regresó cinco días después. Nadie fue informado públicamente de su viaje y el episodio vuelve a poner bajo la lupa una gestión cada vez más alejada de la ciudad que gobierna.
Franco Hernández Berni se fue al Caribe. Salió del país el 23 de agosto, vía Salvador Mazza, y regresó el 28, en un vuelo de Copa procedente de Panamá. Cinco días afuera, mientras Tartagal seguía atravesando una situación económica y social que difícilmente pueda calificarse de tranquila. Lo llamativo no es que un intendente se tome unos días: es que, una vez más, la información sobre sus movimientos no haya salido de la Municipalidad.
No hubo comunicación institucional durante su ausencia ni se supo quién quedó formalmente al frente del municipio. Si el Ejecutivo considera que no tiene nada que explicar, sería interesante que lo explique.
El viaje además tiene un componente político imposible de ignorar. Mientras en Tartagal se acumulan reclamos y necesidades, el intendente eligió pasar unos días en el Caribe. La postal contrasta bastante con el discurso de un dirigente que todavía conserva el rótulo de peronista, pero que en los últimos tiempos parece haber encontrado una zona de comodidad política bastante más cercana a Gustavo Sáenz y al nuevo esquema de poder que acompaña a Javier Milei.
No es solamente una cuestión de vacaciones. Hernández Berni ya había endurecido su discurso contra las organizaciones sociales y llegó a calificar de “vagos” a los piqueteros. Una definición que dice bastante sobre el camino que viene recorriendo políticamente el jefe comunal y sobre la distancia que empieza a existir entre aquella identidad con la que llegó al poder y la que muestra desde el despacho municipal.
Y después están los nombres. Hernández Berni pasó de recibir audios de Cristina Fernández de Kirchner a escuchar los consejos de Julio De Vita, periodista y exdirigente del Partido Renovador de Salta, a quien incorporó como asesor político durante varios meses. La designación, que durante un tiempo intentó pasar debajo del radar, volvió a quedar expuesta y reavivó las preguntas sobre el festival de nombramientos de dirigentes, amigos y allegados que acompañó los primeros tiempos de la gestión.
Hasta el propio jefe de Gabinete, Ignacio Benítez Ocampo, intentó desentenderse de la incorporación de De Vita. Una situación curiosa para una administración que debería saber quiénes son sus asesores y qué función cumplen, particularmente cuando se trata de personas vinculadas al mundo político.
