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lunes, agosto 31, 2026

El “cajero de la causa Cuadernos”: Cristina puso a “Gustavo” en el centro de la escena

En su declaración indagatoria de hoy, la expresidenta reconstruyó una escena de 2019 y habló de un “Gustavo” que, según chats del caso D’Alessio, actuaba como recaudador para una campaña a gobernador. En Salta, la referencia tuvo destinatario inmediato.

La declaración de Cristina Fernández de Kirchner en el juicio por la causa Cuadernos volvió a correr el eje de lo estrictamente judicial hacia el terreno político. En ese registro se inscribe el tramo en el que reconstruyó un encuentro en Pinamar, durante el verano de 2019, en el que ubicó al fiscal Carlos Stornelli, al falso abogado Marcelo D’Alessio y al empresario Pedro Etchebest, junto a una tercera persona a la que eligió no nombrar, pero sí caracterizar con precisión.

Según el relato, esa figura aparece mencionada en los chats de D’Alessio como el “cajero de la causa Cuadernos”, alguien que estaba “buscando dinero para la campaña electoral porque quiere ser gobernador”. La escena, tal como la describió, incluye fotografías tomadas a distancia, intercambios sobre antecedentes penales, un supuesto acuerdo sellado en el lugar y la exhibición de un cuaderno con cifras en dólares que remitían a pedidos de dinero para evitar detenciones. En ese marco, la identidad omitida no funciona como vacío sino como insinuación deliberada.

La referencia temporal no es un dato menor. Ese verano de 2019 fue la antesala de la campaña que terminaría llevando a Gustavo Sáenz a la gobernación de Salta, y es precisamente esa coincidencia la que convierte la alusión en un hecho político antes que en una simple digresión dentro de una estrategia de defensa. Cristina no necesitó completar el nombre propio porque el contexto, en este caso, opera como clave de lectura suficiente.

Lo que se activó en esa reconstrucción no es únicamente una discusión sobre la validez de la causa Cuadernos o sobre los métodos que rodearon la investigación, sino un reordenamiento de tensiones dentro del peronismo. Particularmente en Salta, donde Sáenz viene de disputar poder real en la estructura del PJ y de marcar diferencias con el armado nacional, la mención adquiere un tono menos judicial y más cercano al pase de factura.

En ese contexto, las reacciones en redes sociales de dirigentes como Mayra Mendoza y Rodolfo Tailhade funcionaron como caja de resonancia de tamaño relato. Ambos retomaron la insinuación y la empujaron hacia una identificación explícita, sugiriendo vínculos entre el gobernador salteño y la trama que involucró a Stornelli y D’Alessio, hoy preso, aunque sin aportar elementos nuevos más allá de lo ya conocido en el expediente.

Cuando Cristina reconstruye la escena de aquel verano en Pinamar, habitual lugar de veraneo de “Gustavo” y con esas aspiraciones de poder, Cristina no solo cuestiona la legitimidad de la causa en la que está siendo juzgada, sino que también desplaza parte de la atención hacia los actores que, según su versión, orbitaban alrededor de ese entramado.

Cristina aprovechó esa reconstrucción de los hechos para que también quede un efecto político concreto. La omisión del apellido, lejos de diluir el mensaje, lo vuelve más eficaz: permite instalar la sospecha sin necesidad de sostenerla en una acusación formal. El sentido lo terminó completando la propia política.

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