Las ventas en supermercados se hundieron más de 22% frente a 2023. Un informe privado expone el derrumbe mientras el Gobierno celebra una recuperación que no aparece en las góndolas.
El relato oficial insiste en que “lo peor ya pasó”. Sin embargo, en Salta, la economía sigue en picada: las ventas en supermercados se desplomaron un 22,5% respecto de 2023, un dato que desnuda el golpe directo al bolsillo en una provincia donde el consumo no logra levantar cabeza.
El número surge de mediciones privadas —entre ellas la consultora Scentia— que vienen siguiendo de cerca el pulso del consumo masivo. No es un dato aislado: es parte de una tendencia sostenida que ya acumula meses de caída y que confirma lo que cualquier cliente ve en la fila de la caja. Menos productos, compras más chicas, decisiones más dolorosas.
En Salta se compra lo imprescindible, se abandona lo que no alcanza, se estira lo que se puede. En paralelo, el Gobierno nacional insiste en mostrar indicadores macro que sugieren cierta estabilidad, mientras el consumo real sigue en caída libre. La distancia entre el Excel y la góndola nunca fue tan evidente.
El problema no es solo la caída, sino su persistencia. Informes recientes ya advertían que el consumo lleva más de dos años sin recuperación sostenida, con el poder adquisitivo deteriorado como telón de fondo. La desaceleración de la inflación, lejos de traducirse en alivio, llega tarde y sin impacto concreto en los ingresos.
