Martín Del Frari puso el grito en el cielo cuando se enteró que Bettina Romero avanzaba con la implementación de cámaras. Ahora le encuentra “cositas positivas” a la iniciativa.
En la política, los cambios de postura suelen ser vistos con escepticismo, especialmente cuando no están acompañados de una explicación coherente o un debate profundo. Un ejemplo claro de esta dinámica es el caso de Martín Del Frari que, durante su etapa como opositor, antes de ser electo como concejal, rechazaba vehementemente la instalación de cámaras para fotomultas en la ciudad, argumentando que iba en contra de los intereses de la comunidad. Sin embargo, hoy, como ultraoficialista, apoya incondicionalmente esa misma norma, sin ofrecer una justificación sólida sobre su cambio de parecer.
Este giro en su postura llamó la atención de varios dirigentes, ya que quedó expuesta, y de forma grotesca, su falta de coherencia y de actuar en función de sus nuevos intereses políticos. Es decir, el cambio de postura tiene que ver más con cuestiones personales que por convicción o beneficio de la población.
Algunos, incluso, señalan que su cambio de opinión coincide con su necesidad de estar cada vez más cerca del poder que con cualquier otra cosa.
En este caso, la política parece haber triunfado sobre los principios, y el concejal, antes crítico y combativo, ha adoptado ahora una actitud de alineamiento total con las decisiones del oficialismo.
Pero los cambios de postura no son nuevos en Del Frari: el dirigente pasó de cuestionar y fustigar diariamente a Gustavo Sáenz a ponerlo en un altar y hacer casi una religión. No importa lo que haga el gobernador, para Del Frari está bien.
Si algo dejó en claro el concejal ahora ultraoficialista es su evidente oportunismo político. SU olfato para dar el volantazo en el momento justo. No importa si antes habló bien o mal. Importa estar cerca del conductor.
Del Frari le ha restado importancia a las críticas, asegurando que su cambio de postura responde al “contexto actual”. Sin embargo, esta explicación no ha logrado disipar las dudas sobre su motivación real, reavivando el debate sobre la lealtad política y la necesidad de mayor transparencia en la gestión pública. El caso de este concejal plantea interrogantes sobre la dinámica de poder en los gobiernos locales y la delgada línea que a menudo separa la ideología del cálculo político.
