La vuelta de Fernando Yarade es uno de los rumores por estos días. El 20 de noviembre, el Senado provincial aprobó extender por diez años más el convenio con el Banco Macro. Esa decisión quedó escondida dentro del Presupuesto 2026, sin debate y sin explicaciones.
Así, un contrato que empezó en 1996 y ya fue renovado en 2006 y 2016, ahora se estira hasta 2036. Cuarenta años seguidos con el mismo banco manejando las cuentas del Estado.
En cualquier provincia sería un sacudón. En Salta, fue un trámite rápido. La maniobra fue simple: meter la prórroga dentro del Presupuesto, como si fuera un gasto menor de oficina.
No hubo exposición técnica, no hubo discusión pública, no hubo informes. Hubo apuro y silencio.
La provincia paga casi 11 mil millones de pesos al año por el servicio de las cuentas sueldo.
Y aun así, el Senado renovó el convenio sin pedir competencia, sin evaluar otras opciones y sin abrir una licitación.
La provincia paga para que el Macro sea su banco oficial, cuando debería ser al revés.”
El Banco Macro no es un simple agente financiero. En Salta es: el que maneja las cuentas sueldo, el que presta plata al mismo Estado que administra, el que cobra intereses, y el que maneja parte de la relación política.
En 2023, por ejemplo, el Gobierno tomó un préstamo de $40 mil millones con el mismo banco que administra los fondos públicos. La ecuación es perfecta: presta, cobra, administra… y todo queda dentro de la misma caja.
Con este escenario, el nombre de Fernando Yarade empezó a sonar fuerte. Pero nadie en la política lo leyó como un tema de “gestión”. La lectura es otra: vuelve el operador confiable que el Gobierno quiere y el Macro necesita.
Yarade lleva casi 30 años moviéndose por los cargos más sensibles: interventor del Banco de Préstamos, secretario de Finanzas, ministro en plena crisis, senador, diputado nacional, jefe de Gabinete de Urtubey.
Nunca se fue del todo. Siempre aparece cuando hay un acuerdo grande de por medio. Hoy integra el directorio de Aceros Zapla, pero su nombre ya circula en el Grand Bourg como el próximo conductor económico.
Ahora reaparece para garantizar que la prórroga hasta 2036 quede firme, sin rebeliones internas ni preguntas incómodas.
El Grand Bourg lo ve como un negociador eficaz. El Macro lo ve como un empleado histórico. Y ambos necesitan a alguien que asegure que la nueva etapa avance sin sobresaltos.
En Salta, el orden parece ser siempre el mismo: El banco marca el ritmo. La Legislatura acompaña. El Gobierno acomoda las piezas.
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