A medida que avanza la gestión actual, la figura del segundo al mando del Ejecutivo provincial ha generado más dudas que certezas.
Entre rondas de cafés, un creciente interrogante da vueltas en los círculos políticos de la provincia: ¿Cuál es el verdadero rol del vicegobernador Antonio Marocco? A medida que avanza la gestión actual, la figura del segundo al mando del Ejecutivo provincial ha generado más dudas que certezas. En el medio de una profunda crisis económica, social y política, la figura del vice salteño se difumina, más allá del Senado.
La función de presidente del Senado provincial quedó en un segundo plano, sin una definición clara que permita a los salteños entender su importancia dentro del esquema de gobierno.
Marocco, desde que asumió, optó por un perfil relativamente bajo, con apariciones públicas esporádicas y una falta de protagonismo en temas de relevancia. No se le ha visto liderando iniciativas legislativas significativas ni participando activamente en la resolución de los problemas que afectan a la provincia.
Solo tomó protagonismo, cuando le cedió un terreno en Aviación Civil a una empresa con la que, presuntamente, tendría vínculos. El escándalo estalló y no volvió a tomar decisiones cuando quedó a cargo de la provincia por licencia del gobernador Gustavo Sáenz.
Esta ausencia de visibilidad y liderazgo plantea preguntas sobre su verdadera contribución al gobierno y si su papel se limita a ser un acompañante simbólico del gobernador.
De hecho, las pocas apariciones que está teniendo Marocco son un su medio, Punto Uno, en donde recibe una millonaria pauta publicitaria, y apariciones intrascendentes, como la última publicación en sus redes sociales, con productores de frutillas.
En un contexto en el que la provincia enfrenta desafíos económicos y sociales considerables, la ausencia de un vicegobernador con un rol claro y activo genera preocupación y alimenta la percepción de que se está desaprovechando un recurso valioso para la gestión pública.
