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viernes, septiembre 4, 2026

El ocaso de Juan Carlos Romero: de barón del poder a maestro de la contradicción

Luego de más de 40 años en la política, el eterno senador se va con un discurso en defensa de la educación pública y del INTA, pero sus votos -o abstenciones- lo desmienten: ni apoyó el financiamiento universitario, ni se plantó contra el cierre del INTA, ni se jugó por el Garrahan.

El nombre de Juan Carlos Romero fue durante años sinónimo de poder en Salta. Gobernador, senador, armador político: un barón que supo moverse como nadie. Pero en este final de ciclo, el experimentado dirigente se retira con un perfil desdibujado, atrapado en contradicciones que exponen su desgaste.

Su “despedida” de la banca viene envuelta en discursos que marcan la importancia de la educación pública, (lo hizo en la sesión del Senado del jueves pasado) pero cuando llegó la hora de votar el financiamiento universitario prefirió mirar para otro lado. Defendió con palabras el trabajo del INTA, clave para la producción y el desarrollo regional, pero se abstuvo cuando debía evitar su desmantelamiento. Lo mismo con el Garrahan y la emergencia pediátrica: discursos tiernos, votos tibios.

El contraste entre la retórica y los hechos es el sello de su ocaso. Romero ya no construye, no disputa poder real, apenas sobrevive en el juego parlamentario con intervenciones que no se traducen en acciones concretas. Se despide de la política activa dejando la sensación de que lo único que le importa es preservar su lugar en la historia, aunque sea con frases de ocasión.

La caída de los viejos caudillos tiene algo de ironía: después de décadas de mover los hilos del poder, terminan atrapados en sus propias contradicciones. Romero, que alguna vez fue el hombre fuerte de Salta, se marcha con un legado diluido entre abstenciones y silencios cómplices. Y en la política, los silencios también pesan.

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